Por Manuel Antonio Vega
En 1969, el destino de un joven de 15 años parecía estar trazado por el rigor del sol y el machete.
En Las Tunas, en El Seibo, el polvo de los caminos vecinales era el único horizonte para muchos. Allí, entre brigadas de reparación y limpieza de carreteras, trabajaba Carlos Eusebio Trinidad, conocido por todos como «Pirrilo».
Pero mientras sus manos reparaban caminos ajenos, su mente ya estaba trazando el suyo propio.
Un día, con la determinación de quien ya se siente hombre, enfrentó a su padre, «Manito Juan», con una sentencia que cambiaría la historia de su linaje: “Me voy para la Capital, porque no quiero solo ir al río a bañarme y arrancar malezas en los conucos; quiero ser guardia primero, y luego ir a la universidad y hacerme abogado de los tribunales”.
El rigor de las botas y la tiza
Su ascenso no fue un golpe de suerte, sino una marcha forzada de disciplina inquebrantable.
En agosto de 1970 se «enganchó» al Ejército Nacional, donde sirvió por 20 años.
Bajo el uniforme militar, Pirrilo no permitió que la rutina apagara su chispa intelectual.
Mientras ascendía en las filas hasta retirarse como Segundo Teniente en 1990, también compartía su saber en las aulas.
Durante una década fue maestro, impartiendo docencia en el Colegio Hispano América y en el Liceo Paraguay, formando mentes jóvenes mientras él mismo se preparaba para subir al estrado.
Al jubilarse del Ejército Nacional, su entrada al mundo civil fue por la puerta grande.
Durante tres décadas, laboró en instituciones clave del Estado, destacándose en el Ministerio Administrativo de la Presidencia.
Allí, en la discreción de las oficinas de palacio, manejó una de las tareas más delicadas de cualquier gestión: procesar los boletines confidenciales de varios presidentes de la República Dominicana desde 1990.
Un legado de toga y birrete
Si algo define a Pirrilo es la máxima de que «un padre industrioso da hijos industriosos».
El Dr. Eusebio Trinidad, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), no solo se hizo abogado en 1992 y Notario Público en 1994; él construyó un verdadero ejército de profesionales.
De sus hijos, todos son hoy hombres y mujeres de bien, pero cinco de ellos decidieron seguir sus pasos exactos en el Derecho.
Sus hijos son: Zunilda. Zoila, Modesto, Karla, Francisca, Juan José, Mercedes, Karen, Carlos Jhoana, Wascar y Johan
Hoy, su bufete de abogados —con 30 años de prestigio— es un bastión familiar donde la experiencia del padre se mezcla con el ímpetu de sus herederos.
Entre ellos brilla con luz propia la Dra. Karen Eusebio Ayala, quien desde la dirección del Hospital Oncológico en San Pedro de Macorís y las aulas de la UCE, extiende el prestigio del apellido.
El código de honor de «Manito Juan» y «Sitica»
A pesar de su éxito en la urbe y su cercanía con las esferas del poder, Pirrilo nunca soltó la mano de sus padres, Juan Eusebio y Petronila Trinidad (Doña Sitica). De ellos heredó una disciplina insobornable y una seriedad que no admite «caminos extraños».
»Ser sincero y justo me alegra el alma y me lleva bienestar espiritual», suele decir con la firmeza de quien no tiene nada que ocultar.
Hoy, como Asesor Jurídico en el Ministerio de Agricultura, actúa con la misma integridad, rectitud y veracidad que aprendió en los conucos de Las Tunas, en El Seibo.
Es un hombre que no transige con el engaño; le canta la verdad a cualquiera, porque su palabra es su mayor activo.
Afirmo que en una sociedad corrompida, Pirrilo es el «General de las Leyes que conquistó la Capital».
Pirrilo salió de Las Tunas cargando un saco de sueños, y regresó convertido en un ejemplo de superación dominicana: un hombre que rompió las barreras que otros solo intentaron, coronando su vida con la gloria del trabajo honesto y la familia unida.







