Por Manuel Antonio Vega
El relato de Sabana de la Mar y sus héroes del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4) no es solo una página de la historia dominicana; es un testimonio de la inquebrantable voluntad de una juventud dispuesta a sacrificarlo todo por la libertad y la dignidad.
En este pequeño municipio costero, anclado en la geografía nacional, germinó una semilla de rebeldía que enlaza la lucha contra la tiranía trujillista con la posterior defensa de la democracia quebrantada.
La República Dominicana tiene su panteón de héroes esparcido en cada rincón, y Sabana de la Mar contribuyó con la ofrenda más alta: la vida de sus hijos.
El Movimiento 1J4, inicialmente forjado en el fragor de la lucha antitrujillista tras la gesta de 1959, se convirtió en el faro de la izquierda dominicana, elevando su combate tras el golpe de 1963 que derrocó al profesor Juan Bosch.
Cuatro nombres, inmortales para su pueblo, se inscribieron en las filas de este movimiento clandestino, simbolizando el compromiso de una comunidad con los ideales de justicia, equidad, y democracia:
Héctor Vinicio Mateo Calcaño (Mateito)
Eduardo Salvador Martínez Saviñón (Paleco)
Conrado Hernández de Padua y
Andrés Emilio Pérez Rodríguez.
Estos jóvenes se enrolaron en una causa que trascendía su origen, una lucha que los llevó de la placidez de su pueblo a la clandestinidad de las montañas y, finalmente, al martirio.
Se presume que Manolo Tavárez Justo
llegó visitar antes de 1959 , las montañas que circundan Sabana de la Mar, que se convirtieron en el telón de fondo para las prácticas militares secretas del 1J4.
Estas escarpadas elevaciones no solo sirvieron como refugio, sino como escuela para el oso de armas y convicción.
La importancia de este foco de resistencia se subraya con la visita de Manolo Tavárez Justo, líder supremo del movimiento.
Su presencia en Sabana de la Mar consolidó la moral de los jóvenes combatientes, ligando la lucha local a la épica nacional.
El fusilamiento posterior de Manolo marcó, trágicamente, la intensidad de la represión y la tenacidad de la lucha por la restauración democrática.
La fecha 14 de Junio de 1959, el el origen de un símbolo.
El Movimiento adoptó su glorioso nombre en honor a la invasión de exiliados dominicanos que, el 14 de junio de 1959, aterrizó en Constanza y desembarcó en Maimón y Estero Hondo.
Aunque militarmente derrotada por la maquinaria de guerra de Trujillo, esta expedición sembró la «semilla de la rebelión».
Los héroes de Sabana de la Mar, al unirse al 1J4, se reconocieron herederos de ese sacrificio fundacional, cuyo objetivo inicial era uno y único: derrocar la dictadura.
La lucha directa de los sabanalamarinos se vincula intrínsecamente a la epopeya de Constanza, Maimón y Estero Hondo (C-M-E).
Las crónicas recogen la participación de Héctor Vinicio Mateo Calcaño en el grupo de expedicionarios.
El 14 de junio de 1959, a las 6:20 de la tarde, el avión pintado con insignias trujillistas aterrizó en el aeropuerto militar de Constanza, llevando a bordo a Enrique Augusto Jiménez Moya y a Héctor Mateo.
Divididos, los expedicionarios se adentraron en las montañas, enfrentando la feroz respuesta del Ejército y la Aviación Militar, que desplegó más de 3,000 soldados.
Eduardo Salvador Martínez Saviñón (Paleco), ex miembro de la Marina de Guerra y marino mercante. Su salida del país le permitió enraizar sus ideales junto a Héctor Mateo en Estados Unidos.
Ante una dolencia en Cuba que le recomendaba quedarse, su respuesta encapsula la esencia del heroísmo: «No me quedaré, el compromiso con mi Patria es superior a mis dolencias.» Un compromiso que lo llevó a la expedición de 1959.
Héctor Vinicio Mateo Calcaño (Mateito), capturado cerca de Tireo Abajo el 18 de junio, apenas cuatro días después del desembarco.
Fue trasladado a San Isidro y fusilado al día siguiente.
Su vida fue truncada a la velocidad de la represión trujillista.
Andrés Emilio Pérez Rodríguez, el más joven del grupo, «un niño, pero decidido», con apenas 19 años, fue apresado en San Isidro, sometido a crueles torturas y finalmente fusilado en el patio de la Academia Militar por cadetes.
Su juventud subraya el fervor y el sacrificio de toda una generación.
Conrado Hernández de Padua, ex-miembro de la Marina de Guerra, aunque la crónica ofrece menos detalles de su vida, su presencia en el movimiento y su destino final lo colocan en el altar del sacrificio junto a sus compañeros.
La mayoría de los guerrilleros capturados fueron llevados a los centros de torturas del régimen, como La 40 y El 9, donde se aplicó el horror sistemático.
emoción intensa de miedo, repulsión y pavor ante algo terrible o espantoso, y también un género artístico (literatura, cine, videojuegos) que busca provocar esas sensaciones mediante lo monstruoso, lo atroz o lo perturbador, diferenciándose del terror, que es más la anticipación del miedo, mientras el horror es la reacción a la experiencia aterradora en sí misma, a menudo involucrando lo visceral o corporal, y puede significar también una atrocidad o una cantidad muy grande.
Los cuatro revolucionarios nativos de Sabana de la Mar perdieron sus vidas en esta lucha desigual.
Uno de los aspectos más dolorosos de esta crónica es el destino final de sus restos.
Los cuerpos de estos héroes, como los de otros revolucionarios, nunca fueron entregados a sus familiares.
Fueron desaparecidos por la dictadura, un último acto de crueldad para borrar su memoria.
A pesar de la desaparición física, el recuerdo de su sacrificio se incrustó en el espíritu de Sabana de la Mar.
En su honor, el municipio erigió el Parquecito de los Héroes y nombró la Avenida principal de entrada a la ciudad.
Estos monumentos son el recordatorio perenne de que la democracia dominicana fue pavimentada con la sangre y la valentía de jóvenes como Mateo, Paleco, Conrado y Andrés.
Su historia es la prueba de que el heroísmo no conoce de geografía ni de edad; solo de un profundo y radical amor por la Patria libre.







