Por Manuel Antonio Vega
Es una burla al esfuerzo y una bofetada al desarrollo dominicano. No hay otra forma de calificar la situación que enfrentan Arialdys Díaz Tolentino y más de una decena de jóvenes en La Romana.
Resulta inadmisible que, en un país que pregona el apoyo a la juventud y la excelencia académica, el propio Ministerio de la Juventud sea el obstáculo que impide a sus becados recibir el título que con tanto sacrificio se ganaron.
Estamos ante un secuestro institucional del futuro.
Una deuda con nombre y apellido, pues
no hablamos de simples números en una hoja de Excel; hablamos de proyectos de vida detenidos desde 2024, y en algunos casos, ¡desde el 2020!
Que un joven haya cumplido con cada examen, cada práctica y cada requisito académico, para luego quedar atrapado en un «limbo» financiero entre el Estado y la universidad (UFHEC), es una negligencia que raya en lo criminal.
¿Dónde está la eficiencia?
El Ministerio de la Juventud existe para impulsar a los jóvenes, no para ser el ancla que les impide navegar hacia el mercado laboral.
¿Dónde está la responsabilidad?
Resulta irónico que la institución encargada de velar por este sector sea la que hoy los mantiene en la incertidumbre.
La esperanza no paga facturas
El reporte indica que los afectados «esperan confiadamente» y «mantienen la esperanza».
Pero la paciencia tiene un límite y el tiempo perdido no se recupera, pues cada mes que pasa sin ese título en mano es una oportunidad de empleo perdida, un ascenso que no llega y un sueño que se marchita por la desidia administrativa.
Es urgente que el Ministro de turno deje de lado la retórica de los discursos y proceda al pago inmediato de las deudas contraídas con la UFHEC.
La educación no es un favor que el Estado les hace a estos jóvenes de Hato Mayor y La Romana; es un derecho, y el cumplimiento de las becas otorgadas es una obligación institucional.
El Mensaje es Claro
Si el Ministerio de la Juventud no puede cumplir con su compromiso más básico —garantizar que quienes estudiaron bajo su amparo puedan graduarse—, entonces cabe preguntarse: ¿para qué sirve realmente esa institución?
Señores funcionarios: basta de excusas y de «procesos administrativos» que nunca terminan.
Salden la deuda hoy. Devuélvanles a estos jóvenes el fruto de su esfuerzo.
No permitan que la burocracia siga siendo el verdugo del talento dominicano.







