Por Manuel Antonio Vega.
La gélida temperatura que se sentía en la tarde y entrada la noche de este lunes, en Hato Mayor, sufrió un cambio dramático con los sonidos de las sirenas de los servicios de los organismos de Socorros, que corrían hacia el hotel La Matica, ubicado en la carretera que va al Trapiche El Coco, al sur de Hato Mayor del Rey.
No era una emergencia común; el destino era la cabaña La Matica, un lugar donde la privacidad suele ser la regla, pero que esta vez se convirtió en el escenario de un enigma que las autoridades aún intentan descifrar.
El Hallazgo dentro de la penumbra de una de las habitaciones, el silencio era absoluto.
Minutos antes, una llamada al 911 rompió la calma: un hombre, presuntamente el acompañante de la mujer, alertaba sobre una tragedia de la cual terminó siendo el primer fugitivo.
Al llegar los paramédicos y los agentes de la Policía Nacional, la escena era estática, pues sobre la cama yacía el cuerpo sin vida de una mujer de nacionalidad haitiana.
No había desorden, no había gritos, ni rastro aparente de un forcejeo violento.
Sin embargo, un detalle físico marcaba el rostro de la víctima: una fina capa de espuma asomaba por su boca y nariz, señal muda de un colapso interno que la medicina forense deberá explicar.
El acompañante fugaz se esfumó del lugar, como
misterio que se intensifica con la ausencia.
El hombre que la acompañaba, cuya identidad sigue siendo un espacio en blanco en los informes policiales, decidió no esperar a las autoridades, aunque llamó para dar parte a las autoridades.
Antes de que el primer uniforme cruzara el umbral de la cabaña, él ya se había marchado, dejando tras de sí más preguntas que respuestas.
Actualmente, la policía ha activado su localización para que rinda cuentas sobre los últimos minutos de la fallecida.
El cuerpo de la occisa fue trasladado a la morgue del Hospital Leopoldo Martínez, donde el frío de las bandejas de metal aguarda por la autopsia.
Mientras tanto, en Hato Mayor, el caso se comenta en voz baja, pues la identidad aún está por confirmar oficialmente.
La causa de muerte está pendiente de estudio toxicológico o forense (sin signos visibles de violencia física).
La noticia sigue en desarrollo, mientras las autoridades intentan ponerle nombre a la tragedia y rostro al hombre que huyó de la escena.
La soledad de un final donde
no hubo despedidas, ni manos que sostuvieran la suya.
La mujer, cuya identidad sigue siendo un misterio para el pueblo de Hato Mayor del Rey, exhaló su último suspiro en la habitación de un hotel de paso, un lugar diseñado para lo efímero, no para el final de una existencia.
Lo más desgarrador de la escena no fue la violencia —que, según los primeros informes, no existió— sino el abandono.
El hombre que compartía ese espacio con ella, quien debió ser su primer auxilio, eligió la huida antes que la compasión.
Alertó al 911, sí, pero no esperó a que llegara la ayuda. Se marchó dejando un cuerpo aún tibio y una estela de preguntas que nadie sabe si tendrán respuesta.
Un Rostro sin Nombre
Cuando las luces rojas y azules de las patrullas iluminaron la entrada de La Matica, ya era tarde. La imagen era cruda: la espuma en su boca y nariz.
«Murió como si fuera nadie, en un lugar donde nadie se queda por mucho tiempo.»
Ahora, su cuerpo descansa en la morgue del Hospital Leopoldo Martínez. Allí, entre paredes blancas y frío metálico, ella espera.
Espera que alguien la reconozca, que alguien reclame sus restos, que alguien le devuelva el nombre que la vida en el extranjero o la marginalidad le fueron borrando.
Mientras la policía busca al hombre que huyó, la comunidad de Hato Mayor se queda con una sensación amarga. Esta no es solo una crónica policial; es el recordatorio de la vulnerabilidad de quienes transitan nuestras tierras sin documentos, sin familia cerca y, a veces, sin la protección de quienes dicen amarlos.
La justicia buscará causas físicas y responsables legales, pero la sociedad queda debiéndole a esta mujer, al menos, un momento de reflexión sobre la fragilidad de la vida y la crueldad de morir siendo un número más en un informe de la Policía Nacional.







