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Cambita Garabitos: Un pueblo secuestrado por la violencia y la indiferencia

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

​La comunidad de Cambita Garabitos, en la provincia de San Cristóbal, ha dejado de ser un remanso para convertirse en el epicentro de una crisis de seguridad y salud social alimentada por el microtráfico de drogas y una brutal ola de violencia.

Los últimos tres años han marcado una dolorosa regresión, donde la tranquilidad ha sido reemplazada por el miedo, y la esperanza, por la zozobra.

​El reciente asesinato de Dany Colón, presunto lugarteniente del tristemente célebre Kiko la Quema (abatido en marzo de 2024), no es un hecho aislado, sino un síntoma alarmante del vacío de autoridad y la continuidad delictiva en la zona.

Aunque Kiko la Quema haya caído, su sombra —y la estructura criminal que prohijó, dedicada a homicidios, robos, secuestros, extorsión y microtráfico— sigue latente, o bien ha sido reemplazada por sucesores como Moronta, capturado recientemente, lo que evidencia que la raíz del problema persiste.

​El Flagelo de la Indiferencia Oficial

​El grito de auxilio de Cambita Garabitos resuena en un eco de indiferencia oficial.

Las autoridades, a pesar de los operativos puntuales y la entrega de destacamentos, parecen haber puesto «poco o ningún interés» en una estrategia integral y sostenida para desmantelar la red de impunidad y crimen que asfixia a este «católico pueblo del sur».

​La especulación de la ciudadanía no es infundada: el recrudecimiento de la violencia y la proliferación de «puntos de drogas» son la consecuencia directa de una vigilancia laxa, floja y una acción reactiva, no preventiva.

Esta inacción no es neutra; al no actuar para limpiar y desmantelar estos focos de delito, el Estado se arriesga a convertirse en cómplice por omisión, en reos del delito al que están llamados a combatir.

​Los reportes de la Policía Nacional y el Ministerio Público sobre capturas y depósitos de acusación confirman la existencia de una poderosa estructura dedicada al tráfico de drogas y a actividades criminales organizadas, reforzando la percepción de que la amenaza es real y sistémica.

​La Necesidad de una Intervención Integral

​La crisis en Cambita Garabitos es multifactorial y exige una respuesta que trascienda la mera persecución de los cabecillas.

Desmantelamiento y Mantenimiento: Es imperativo un plan de choque para la limpieza total y permanente de los puntos de microtráfico, asegurando que los cabecillas y sus estructuras sean llevados a la justicia, y que sus sucesores sean neutralizados de inmediato.

La justicia debe ser tan implacable como lo es el vandalismo del microtráfico.

​Debes existir una presencia sostenida de las autoridades.

La seguridad no puede ser un evento esporádico. La presencia policial y militar debe ser reforzada y constante, buscando recuperar la confianza de una población que, en algunos casos, llegó a ver en el criminal (como Kiko la Quema) una figura de «orden» o apoyo ante el abandono del Estado, un fenómeno que debe ser analizado con seriedad.

​Raíces sociales y económicas: Cambita, como otras comunidades rurales, enfrenta desafíos de abandono que incluyen infraestructuras deterioradas y falta de oportunidades.

La violencia y las drogas florecen donde hay desesperanza, por lo que es crucial un programa de desarrollo social y económico que ofrezca a los jóvenes alternativas de educación y empleo, revirtiendo la cultura de la decadencia.

El fortalecimiento institucional, porque la población no cree en su policía.

La Policía Nacional debe garantizar que el nuevo destacamento entregado se traduzca en seguridad real y respeto a los derechos humanos, eliminando cualquier sospecha de colusión, pacto diabólico con los delincuentes y cesar los maltratos.

​Un Llamado urgente a la responsabilidad

​La muerte de un lugarteniente no significa la derrota del mal. Por el contrario, puede ser la señal de una disputa interna o el surgimiento de una nueva jerarquía, perpetuando el ciclo de violencia.

​El ojo de las autoridades no puede seguir siendo indiferente.

El tiempo de la cautela ha terminado.

Hay que actuar ya, no solo para detener la hemorragia de crímenes que desangran a Cambita Garabitos, sino para evitar que la sociedad en su conjunto, por su silencio y negligencia, se convierta también en responsable de la destrucción de este pueblo.

La paz y la seguridad de Cambita Garabitos son la paz y la seguridad de San Cristóbal y del país.

No sé debe ser complaciente con el delincuente.

El autor es descendientes de familias de Cambita Garabitos y dice dolorle lo que está ocurriendo con ese pequeño pueblo

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