Por Manuel Antonio Vega
MONTE PLATA. La justicia ha hablado, pero el eco del dolor permanece. Este lunes, el Tribunal Colegiado de la provincia Monte Plata trazó una línea firme contra la impunidad al dictar una sentencia de 20 años de prisión contra Alexis de Jesús López, de 46 años, encontrándolo culpable del horrendo homicidio de Alina Ramírez Felice, una joven de 24 años.
El crimen, motivado por presuntos conflictos pasionales, culminó en un acto de crueldad que Bayaguana no podrá olvidar.
El hallazgo espeluznante del cuerpo se produjo el 7 de agosto pasado, lo que rompió la tranquilidad de Bayaguana y jeló la sangre de familiares.
El cuerpo de Alina fue encontrado en avanzado estado de descomposición, oculto dentro de un tanque plástico abandonado en una zona de matorrales.
La maldad, como bien lo describe la acusación, actuó con «pravedad y exceso grado de maldad.
Su verdugo no tuvo compasión,
López, según el expediente del Ministerio Público, no solo le arrebató la vida a Alina, sino que intentó borrar su rastro, depositando el tanque cerca del Santuario Santo Cristo de los Milagros. Una ubicación inquietante, tal vez buscando un rápido descubrimiento o, más probablemente, una burda forma de despistar a las autoridades.
Localizar el cuerpo tardó mes medio de angustia y
el descubrimiento no fue casual. Fue el fuerte hedor que emanaba del lugar lo que obligó a los residentes a alertar a las autoridades.
Este macabro rastro puso fin a la agonía de una familia que había reportado a Alina, oriunda de Tarana, Sabana Grande de Boyá, como desaparecida por más de un mes y medio.
Durante este angustioso período, la sombra de la sospecha ya planeaba sobre López.
Según los allegados, la víctima había mantenido una relación previa con el imputado, y sus respuestas evasivas sobre su paradero solo avivaron las dudas, facilitando la conexión con el crimen.
La captura fue rápida. Un día después del macabro hallazgo, López fue arrestado en Higüey, poniendo fin a su huida de la justicia.
La condena de 20 años es el resultado de la valoración irrefutable de las pruebas presentadas por el Ministerio Público.
Es un intento por saldar la deuda con la vida de Alina Ramírez Felice y con la comunidad que fue testigo de este acto de barbarie.
Aunque la sentencia impone un castigo a la oscuridad de la pasión criminal, el relato de la vida de Alina, silenciada de manera tan violenta, sirve como un recordatorio sombrío de hasta dónde puede llegar la maldad humana.
Sabemos que 20 años de prisión no devolverán la vida de la joven, pero envían un mensaje claro: el crimen y la crueldad serán condenados con rigor.







