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Mi «Grito» por la ruina del Club 21 de Enero

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Por Manuel Antonio Vega

Hoy voy por una súplica por la memoria y el presente de Hato Mayor

El abandono que hoy consume al Club Recreativo y Cultural 21 de Enero, que fuera el centro de esparcimiento más antiguo de nuestra ciudad, es un símbolo doloroso del descuido que, poco a poco, se ha normalizado en Hato Mayor.

​Este abandono se hace más hiriente al contrastar con el pulcro y hermoso parque de recreo Mercedes de la Rocha.

Mientras un espacio florece, el otro se marchita en pleno corazón urbano, dejando al descubierto una dura realidad, pues cuando el abandono se vuelve se convierte en ley, la historia y el futuro de la comunidad se ponen en riesgo.

​El corazón desfallecido de una historia
​fundado e incorporado formalmente en 1944 (Decreto N.º 1888), el Club 21 de Enero no fue solo un edificio; fue el epicentro social, cultural y recreativo de generaciones.

Siempre fue el lugar de los bailes de gala, las reuniones trascendentales, las primeras citas y los torneos memorables.

Hoy, ese mismo espacio yace arrabalizado, en ruinas, ignorado por las autoridades que juraron servir a la ciudad y olvidado por una parte significativa de la población.

​Su deterioro no es un simple problema estético.

Es una herida abierta en la identidad hatomayorense.

Lo que antes fue un motor de integración hoy es un recuerdo silente, una cáscara vacía que, tristemente, ha pasado de ser un club a ser una amenaza en el centro de la ciudad, al lado de la parroquia Nuestra Señora de Las Mercedes.

Sus paredes derruidas y cercas saltadas se han convertido en depósito de escombros, escondite de delincuentes, y un punto de malestar sanitario.

Huele a orín, y su aspecto es la prueba gráfica de la desidia institucional y social.

​Este caso, lamentablemente, no es único. Sirve como espejo para otros espacios comunitarios que han sido relegados a ser solares baldíos, guaridas peligrosas o simples puntos de acumulación de basura.

La indiferencia ante el Club 21 de Enero valida la tesis de que hemos perdido el sentido de cuidar y preservar lo que es nuestro.

​Recuperar este patrimonio y devolverle la dignidad que merece no es una tarea que deba recaer únicamente sobre el hombro de una institución.

Todo comienza con voluntad, pero esta debe ser un compromiso compartido y transversal, dónde debemos involucrar a las autoridades locales y provinciales.

Es su deber ineludible liderar la iniciativa, asegurar la limpieza, la seguridad inmediata y destinar los fondos necesarios para un proyecto de rehabilitación integral.
​Organizaciones comunitarias y empresarios deben sumarse con propuestas de gestión y apadrinamiento, viendo en la reactivación del club una inversión en el tejido social.

​Debemos dejar atrás la mudez y la apatía, la presión social constructiva y el reclamo persistente son herramientas poderosas para obligar a que este espacio sea priorizado y acondicionado adecuadamente para el uso social y formativo de los hatomayorenses.

​El Club Recreativo y Cultural 21 de Enero no merece ser un punto de fetidez y peligro.

Merece volver a ser el corazón vibrante de la ciudad.

Hacemos un llamado urgente a la acción.

Recuperemos nuestra historia, sanemos nuestras heridas urbanas, y demostremos que el abandono no será la norma de Hato Mayor

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