Por Manuel Antonio Vega
En las colinas de San Francisco-Vicentillo, donde el aire siempre guarda un rastro dulce a chocolate recién tostado, la tarde de ayer jueves el paisaje parece haberse teñido de un verde más sombrío.
Se ha apagado una luz centenaria, la de Doña Cecilia Félix Salas de Pion, la mujer que vio pasar un siglo entre los cacaotales de El Seibo, ha partido a los 103 años, dejando tras de sí un aroma a leña encendida y una mesa que nunca estuvo vacía.
Era como un corazón en la «Capital del Cacao».
Nacida el 22 de noviembre de 1928, Doña Cecilia no solo habitó el paraje de Garantía; ella era parte de su geografía.
En esa zona, denominada con orgullo la Capital del Cacao, ella fungió como la raíz más profunda de un árbol genealógico inmenso.
Viuda de Pedro Pion, su vientre fue tierra fértil donde germinó la vida de más de una docena de hijos: Orlando, Ercilia, Julián, Pedro, Paulino, Marcia, Santa María, Altagracia, Iris, Ramón, Reina, Miguelina, Percia, Gustavo y Linares.
La cocina de la puertas abiertas
Si algo definía la mística de Doña Cecilia era el humo que brotaba de su cocina.
Allí, el fuego se alimentaba con leña de árboles caídos por el tiempo, como si la naturaleza misma le ofreciera sus ramas para que ella pudiera cumplir su misión: alimentar al prójimo.
En Garantía se sabía que al mediodía todos los caminos conducían a su casa.
Su carisma era el sazón principal y su empatía el postre.
«Donde Doña Cecilia siempre hay comía», decían los vecinos, quienes encontraban en ella no solo el sustento del cuerpo, sino el consejo sabio de una abuela universal.
Sus nietos y bisnietos corrían hacia ella, atraídos por ese magnetismo que solo poseen las almas que han aprendido a amar sin medida durante más de cien años.
El último descanso
Hoy, el trajín de las moliendas de cacao se silencia para rendirle tributo.
Sus últimas horas en la tierra transcurren entre el afecto de su familia en la Calle Augusto Betancourt #87, en Hato Mayor del Rey.
La comunidad se prepara para darle el último adiós:
Misa de cuerpo presente: 2:00 PM en la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús.
Sepelio: Sus restos descansarán en el Cementerio Municipal «Cristo de los Milagros».
Doña Cecilia se va, pero se queda en el susurro del viento entre los árboles de San Francisco-Vicentillo y en el recuerdo de una cocina que, por más de un siglo, fue el refugio más cálido de toda la comunidad cacaotaleras de Garantía, en El Seibo.







