spot_img

Los 12 Años de Balaguer: El rostro del terror y la resistencia silenciosa

Fecha:

Por: Manuel Antonio Vega

La era de los «12 Años» de Joaquín Balaguer (1966-1978) permanece en la memoria colectiva dominicana como un período de claroscuros donde el desarrollo de infraestructuras convivió con una sistemática violación de los derechos humanos.

Detrás de la fachada democrática, se ocultaba una maquinaria represiva que combinaba las fuerzas regulares del Estado con bandas paramilitares, dejando una estela de sangre que tocó las fibras más sensibles de comunidades como Hato Mayor del Rey.

El Crimen de los Hermanos Santana: Una herida en Hato Mayor, ya que a principios de 1970, la tragedia golpeó el corazón de Hato Mayor.

Los hermanos Serafín y Amado Santana, junto a Juan Zorrilla, jóvenes vinculados a movimientos de izquierda, fueron víctimas de una operación planificada con frialdad quirúrgica.

Según los relatos recogidos en las memorias del general Uribe Peguero (bajo el seudónimo de «Ernesto»), en su libro «Historias Paralelas» , el crimen no fue un hecho aislado, sino coordinado desde la estructura militar en San Pedro de Macorís.

«Los jóvenes fueron engañados, secuestrados y sometidos a torturas antes de ser ejecutados», sigue narrando Uribe Peguero.

Sus cuerpos aparecieron casi un mes después, el 13 de febrero de 1970, en la carretera Sabana de la Mar-Miches.

La noticia coincidió con una visita accidental de Balaguer a Hato Mayor; el repudio popular fue tan inmediato y feroz que el mandatario tuvo que ser evacuado de urgencia mientras el pueblo, enardecido, reclamaba justicia por sus hijos.

La Instrumentalización de las Fuerzas Armadas

El testimonio de «Ernesto» revela cómo se desnaturalizó la función de la Marina de Guerra (hoy Armada Dominicana). Oficiales recién graduados se encontraban con una realidad cruda: sus unidades eran utilizadas para nutrir las «patrullas mixtas».

Bajo el mando de figuras temibles como el Coronel Paulino Reyes de León, estas patrullas no buscaban el orden público, sino la aniquilación de la disidencia en provincias «revoltosas».

«La oficialidad joven se debatía entre el deber institucional y la náusea moral de ver a sus superiores convertidos en sicarios políticos», sugiere el relato de Uribe Peguero.

El Terror de la «Banda Colorá» y los Mártires del Club Héctor J. Díaz

En 1971, la represión alcanzó niveles de crueldad pública con el accionar de la Banda Colorá.

Este brazo paramilitar, dirigido operativamente por Ramón Pérez Martínez («Macorís») y auspiciado por el General Enrique Pérez y Pérez, actuaba con total impunidad.

El 9 de octubre de ese año, cinco jóvenes del Club Héctor J. Díaz —Reyes Florentino Santana, Víctor Fernando Checo, Rubén Darío Sandoval, Gerardo Bautista Gómez y Radamés Peláez Tejada— fueron secuestrados mientras asistían al sepelio de un compañero.

Sus cuerpos, hallados con signos de tortura, se convirtieron en el símbolo de una juventud que pagaba con la vida el deseo de una República Dominicana más justa.

Un Régimen de tensiones y controles

El artículo destaca que el control de Balaguer no solo era externo (represión a civiles), sino interno (control férreo sobre los mandos militares).

Acontecimientos como:
El intento de golpe de Elias Wessin y Wessin (1971).

El sacrificio de Amaury Germán Aristy y «Los Palmeros» (1972).

El desembarco de Francisco Alberto Caamaño Deñó en Playa Caracoles (1973).

Estos hechos mantenían al país en un estado de sitio permanente.

Mientras tanto, una nueva generación de oficiales, representados por «Ernesto», observaba con vergüenza cómo sus uniformes eran manchados por la política partidista y el proselitismo en favor de la reelección de Balaguer, especialmente de cara a los comicios de 1978.
Conclusión: El Despertar de la Conciencia

Este escrito, apoyado en el testimonio de Uribe Peguero, no solo es una crónica de crímenes; es el retrato de una sociedad que, a pesar del miedo, nunca dejó de resistir.

El sentimiento de culpa y el rechazo que sentían los oficiales jóvenes frente a los excesos de sus superiores fue la semilla que, años más tarde, permitiría una transición hacia una mayor institucionalidad democrática.

Los nombres de los Santana, Zorrilla y los jóvenes del Club Héctor J. Díaz permanecen hoy como recordatorios de un pasado al que el país juró no volver jamás.

spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Compartir esta publicación:

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

Popular

Más como esto
Relacionado

La Viuda y el misterio del aljibe en San Pedro de Macorís

Por Manuel Antonio Vega Cuentan que cuando las "Danzas de...

Eugenio Miches nació en Hato Mayor, no en Bayaguana

Por Manuel Antonio Vega Siempre hemos escuchado que la historia...