Por Manuel Antonio Vega
HATO MAYOR.- El cuadrilátero de la vida se despidió este sábado 18 de abril de un guerrero incansable. Pedro Páez González, conocido cariñosamente como Catarey en el mundo del boxeo y más allá, dejó este mundo tras un infarto fulminante que lo asaltó en el hospital Leopoldo Martínez de Hato Mayor, donde fue llevado por problemas respiratorios.
Catarey, un hombre batallador que nunca se rindió ante las adversidades, nació el 28 de Julio de 1958 en el costero municipio de Miches, pero fue en el populoso barrio de Gualey, de Hato Mayor del Rey, donde se forjó su espíritu luchador.
En su juventud, los guantes de boxeo fueron su segunda piel, y también incursionó en la lucha libre, dejando siempre el alma en el ring.
Pero la vida de Catarey no se limitó a los golpes y las llaves.
Al entrar en edad, decidió cultivar la tierra, convirtiendo la siembra de víveres y cacao en un hábito sagrado.
Su parcela agrícola era su refugio, un lugar donde encontraba paz y conexión con la naturaleza.
Además de su labor agrícola, Catarey era un chófer incansable en la ruta Hato Mayor-Loma Larga.
Su camión era su herramienta de trabajo, y también un espacio donde compartía historias y sonrisas con sus pasajeros.
Catarey era tenido como el hombre que no barajaba pleito en la barriada de Gualey, pero detrás de su apariencia ruda se escondía un corazón generoso y solidario.
Siempre estaba dispuesto a tender una mano a quien lo necesitara, y su alegría contagiaba a todos los que lo rodeaban.
Su partida deja un vacío profundo en el corazón de su familia, amigos y de todos aquellos que lo conocieron.
Catarey, el boxeador de la vida, cuelga los guantes, pero su espíritu luchador seguirá vivo en cada uno de nosotros.
Descanse en paz, guerrero.






