24 de Abril de 1965 fue una sorpresa para todo el mundo, incluyendo para sus principales actores. Nadie esperaba nada diferente a lo habitual ese día. Había muchas conspiraciones contra el gobierno del Triunvirato, pero no estaba supuesto a darse ningún estallido ese día. La idea era que se produjera el martes 27 y no el sábado 24. Y la idea no era una revolución popular, sino un golpe de Estado que repusiera sin elecciones al gobierno democrático de 1963. La participación civil no estaba en los planes. Pero, ya sabemos, muchas veces, una cosa es lo que se planifica, y otra muy distinta es lo que ocurre.
Fue por la proclama hecha al mediodía por el doctor José Francisco Peña Gómez, a través de Radio Comercial, que todo el mundo se enteró de que lo que estaba supuesto a iniciarse el 27 se inició ya el 24. Informado por el capitán Mario Peña Taveras de los acontecimientos desatados intempestivamente en el Campamento 16 de Agosto, cuando tuvo que apresar al propio Jefe del Ejército, Marcos Cuesta Rivera, a ritmo de La Marsellesa, y con su voz estruendosa y vibrante, Peña Gómez comunicó al país del inicio del movimiento constitucionalista y llamó a las masas populares a tomar las calles en respaldo a los militares patriotas y a pedir la vuelta a la constitucionalidad del 63, usurpada aquella fatídica y funesta madrugada de septiembre de 1963 que desgraciadamente cambió para mal la marcha de nuestra historia.
Para el propio Presidente Donald Read Cabral la sorpresa fue total. Lo mismo para el general Elías Wessin y Wessin quién recibió la información en su casa y de inmediato partió para la base aérea de San Isidro a reunirse con sus oficiales. El general Antonio Imbert Barrera estaba de cacería por el Cibao junto al agregado naval de la embajada de Estados Unidos, coronel Ralph Heywood.
Para la embajada norteamericana, que sí sabía como sabía todo el mundo de las conspiraciones, también la sorpresa fue total. El embajador William Tapley Bennett se encontraba en Georgia, Atlanta, visitando a su madre, y once de los trece agregados militares se encontraban en Panamá.
El ex presidente de la República, profesor Juan Bosch, se encontraba en su casa de Río Piedra, Puerto Rico, cuando fue informado del estallido del movimiento constitucionalista que pedía su retorno al poder. Su asombro fue notorio. Rafael Tomás Fernández Domínguez, teniente coronel, fundador del movimiento militar constitucionalista, estaba en Chile y no esperaba para ese día el inicio del golpe.
El ex presidente Joaquín Balaguer estaba en Nueva York muy quitado de bulla. Sabía de las conspiraciones y las gestiones que algunos altos oficiales hacían para devolverlo al poder, pero ni por asomo se imaginaba, ni él ni nadie, que el estallido iniciado ese día para devolver a Bosch al poder, terminaría llevándolo a él.
Para Francis Caamaño la sorpresa también fue grande. A esa hora almorzaba con su esposa, María Paula Acevedo, y con su tío, Alejandro Deñó. Una llamada interrumpe el almuerzo. Es su amigo, el oficial Giovanni Gutiérrez, quien agitado le comunica los acontecimientos del Campamento 16 de Agosto. Buscó su pistola 45, su fusil AR-10 y en una camioneta de su hermano salió en compañía de su tío Alejandro al lugar de los hechos. En ese momento, sin siquiera sospecharlo, Caamaño iba camino a la historia, camino a encontrarse con su destino y con la gloria. ¿Quién en ese momento se iba a imaginar que ese hombre apenas tres días después sería designado Comandante general del movimiento Constitucionalista y apenas una semana después, por disposición del profesor Juan Bosch, sería proclamado en el Altar de la Patria y en una emotiva ceremonia, como Presidente Constitucional de la República en Armas.
Así es a veces la historia, de imprevista, impetuosa y caprichosa. Un hecho que no estaba llamado a ocurrir ese día ni con esas características ni con Caamaño de líder, se produjo. Y fueron tan rápidos e imprevistos los acontecimientos que terminaron generando, por ejemplo, la grosera intervención militar norteamercana, a la cual el pueblo dominicano hubo de enfrentarse de manera heroica, convirtiéndose aquella contienda en el hecho más importante del siglo veinte en la República Dominicana.






