spot_img

Mister Beca, líder indomable de la tierra en el Este

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

La historia dominicana suele escribirse con la tinta de las ciudades, pero se ha regado con la sangre de los campos. En la década de 1970, mientras el país navegaba las aguas turbulentas de los «Doce Años» de Joaquín Balaguer, un nombre comenzó a susurrarse con respeto entre los cañaverales y las lomas de El Seibo e Higüey: Dionisio Frías, a quien todos llamaban, con una mezcla de camaradería y autoridad, Mister Beca.

Era hombre de un corazón de fuego bajo un rostro sereno, que marcaba sus pasos en la lucha por dotat de tierra a los campesinos más desposeídos.

Mister Beca no era un hombre de discursos ruidosos ni de protagonismos fatuos.

De carácter callado y observador, poseía sin embargo un corazón más caliente que la sangre que corría por sus venas.

Su fuego interno no nacía del odio, sino de una convicción inamovible: la tierra pertenece a quien la suda.

Militante de las Ligas Agrarias Cristianas, Frías entendió que el campesino sin tierra es un ciudadano sin patria.

En una región Este dominada por el puño de hierro de los terratenientes y la sombra omnipresente del emporio azucarero Central Romana, Mister Beca se convirtió en el estratega de la esperanza.

Organizaba grupos, trazaba rutas y despertaba conciencias en comunidades como El Cuey, Pedro Sánchez y Vicentillo.

Lideró una Guerra de los Machetes contra la impunidad.

Bajo el amparo de la luna, Mister Beca lideraba a sus «soldados» —hombres cuya única artillería eran machetes gastados y azadas de trabajo—.

Cruzaban ríos y valles de noche para «repasar» predios, recuperando trozos de patria para sembrar víveres y frutos que alimentaran a los olvidados.

Esta labor de hormiga revolucionaria no pasó desapercibida.

Para los dueños de los latifundios, Dionisio Frías era una amenaza al orden establecido; para el régimen, un subversivo que desafiaba el statu quo.

Las «hordas rabiosas» al servicio de los poderosos le pusieron precio a su cabeza.

El Martirio en el Alto de Peguero

El 30 de junio de 1975 quedó marcado como una fecha de luto nacional, aunque el eco del disparo intentara ser silenciado por la censura de la época.

En la sección de El Cuey, en el Alto de Peguero, se tendió la emboscada definitiva.

Mientras cruzaba una alambrada —esa frontera de alambre de púas que separa el hambre de la abundancia—, Mister Beca fue alcanzado por el fuego cobarde de las escopetas.

Su asesinato no fue un hecho aislado, sino una pieza más del engranaje de represión que también se llevó a figuras como Mamá Tingó.

Como bien narra el exsacerdote Lidio Cadet en sus memorias, la caída de Frías fue un golpe devastador al alma del movimiento campesino, una herida abierta en el costado de la justicia social dominicana.

«Mister Beca no cayó en la tierra; se sembró en ella.

Su sacrificio es el recordatorio de que los derechos no se mendigan, se conquistan con la dignidad del trabajo.»

Un legado que aún late

Hoy, al mirar los campos de El Seibo, es imposible no ver la sombra de Dionisio Frías.

Su figura trasciende lo sindical para convertirse en un símbolo de resistencia.

En un mundo que hoy debate la seguridad alimentaria y la propiedad rural, la lucha de Mister Beca sigue siendo incómodamente vigente.

Recordar a Mister Beca no es solo un ejercicio de nostalgia histórica; es un acto de justicia.

Es reconocer que la libertad dominicana también se forjó en las praderas del Este, entre hombres callados que, como Dionisio, prefirieron morir de pie frente a una alambrada que vivir de rodillas sobre una tierra que les era ajena.

Con este artículo busco resaltar la importancia histórica y el sacrificio de este mártir del campo

spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Compartir esta publicación:

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

Popular

Más como esto
Relacionado

Entre el arrepentimiento y la sentencia: El desenlace fatal de un conflicto en Higüey

Por Manuel Antonio Vega ​Higüey, La Altagracia — El silencio...

La Policía elimina a «Papucho»

Por Manuel Antonio Vega SAN PEDRO DE MACORÍS – El...

El último aliento de una promesa en Hato Mayor

Por Manuel Antonio Vega La brisa con lluvia de este...