Por Manuel Antonio Vega
Al igual que ocurre en las parejas humanas, en los partidos políticos las rupturas suelen ser el resultado de un desgaste silencioso pero implacable. Las separaciones se consagran cuando se pierde la conexión emocional con las bases, la comunicación interna se vuelve ineficaz, los objetivos vitales dejan de estar alineados y los intereses particulares trazan una pizarra de peligro.
En la política, como en el amor, las causas del divorcio son harto conocidas: la falta de compromiso con las ideas fundacionales, el desgaste por la rutina del poder, las crisis financieras y la infidelidad a los principios.
Hoy, un fenómeno casi metafísico parece ocurrir en la política dominicana.
Como un fucú —ese fantasma del folclor que se apodera de las voluntades— las viejas y cuestionables conductas del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) se mueven en las inquietas aguas del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Ese comportamiento político parece negarse a abandonar los cerebros y la militancia de estas fuerzas ideológicas afines.
Los perremeístas actúan, piensan y ejecutan con la misma matriz que sus antecesores.
No pueden negar que uno nació de las entrañas del otro y que, por consiguiente, terminan siendo «tal para cual» en el accionar y el pensar cotidiano.
Una genealogía de rupturas y crisis estructurales
Para entender el presente del PRM, es obligatorio revisar la historia de fracturas del PRD, una organización fundada en 1939 cuya trayectoria ha estado marcada por la tragedia de la división interna:
La salida de Bosch (1973): El mayor cisma en la historia del partido se produjo en diciembre de 1973. Tras profundas diferencias ideológicas y estratégicas posteriores a la guerra de 1965, su líder histórico, el profesor Juan Bosch, renunció para fundar el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), llevándose consigo a la intelectualidad y a los cuadros más disciplinados.
Las crisis post-electorales (1985): Durante los años 80, las corrientes de Salvador Jorge Blanco y Jacobo Majluta escenificaron pugnas feroces por el control de la organización, llegando a niveles de violencia física y escándalos bochornosos en la famosa convención del Hotel Dominican Concorde.
La gran escisión moderna (2014): La historia se repitió en la primavera de 2014. Una severa crisis entre el expresidente Hipólito Mejía y Miguel Vargas Maldonado —quien se empecinaba en retener las siglas y los símbolos del partido, motivado en gran medida por los beneficios económicos del subsidio de la Junta Central Electoral— culminó en expulsiones.
Esto obligó a la mayoría disidente a fundar el PRM.
Aquel fraccionamiento de 2014 laceró los cimientos más profundos de la vida democrática nacional y redujo al viejo PRD a una fuerza electoralmente insignificante.
Sin embargo, aunque mudaron de siglas, las conductas no se quedaron en el viejo local.
Comportamientos similares: La herencia de la inconducta
es innegable, pues los perremeístas actúan hoy «igualito» que los perredeístas de ayer.
Es como si la militancia y la dirigencia hubieran recibido las mismas lecciones de pleitos internos, diatribas estériles e inconductas que sepultaron al viejo partido.
Juan Bosch solía advertir que la táctica de unir a sectores progresistas con personajes del atraso político (fuera del PRD o del balaguerismo) era un reflejo del subdesarrollo político del país.
Analizando el pensamiento del extinto líder peledeísta, se puede colegir que la pequeña burguesía —pobre y muy pobre— muchas veces busca soluciones individuales o que «les quiten de encima a la oposición», en lugar de construir proyectos colectivos institucionales.
En su momento, los fundadores del PLD justificaron su salida del PRD alegando que se encontraban «entrampados» en una estructura caótica, y que necesitaban crear una organización de vanguardia para combatir el atraso.
Del mismo modo, cuando se fundó el PRM, se vendió la idea de que eran una minoría dispuesta a llegar lejos, pero atrapada por rémoras del pasado.
La gran pregunta que la sociedad se hace hoy es: ¿Cómo se explica que el PRM, ya liberado de los supuestos lastres que lo ataban, recorra exactamente los mismos caminos del atraso?
El callejón sin salida: Clientelismo y endeudamiento
No tiene lógica política ni económica que el PRM y su gobierno se empecinen en mantener el mismo esquema de clientelismo desbocado y un endeudamiento agresivo con organismos crediticios internacionales. Se está llevando al país a un callejón sin salida financiera.
Los perremeístas parecen haber heredado los peores vicios de las estrategias económicas del pasado:
Gasto corriente e hipertrofia estatal: El uso del Estado como un botín de empleos para saciar a las bases, calcando el viejo modelo perredeísta.
Dependencia del crédito externo: Una política de endeudamiento que hipoteca el futuro y expone al país al descrédito moral y financiero.
El PRM es idéntico al viejo PRD en su matriz estructural, cultural y operativa. De continuar por este sendero de luchas internas por el pastel estatal, descuidando la economía real de los ciudadanos, se advierte en el horizonte político otra estampida interna. Una crisis que, de cara a las elecciones de 2028, podría extrañarlos definitivamente del poder. El espejo de la historia está ahí, y el PRM parece empeñado en mirarse en él.






