La cabeza del general Desiderio Arias

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POR FARID KURY

Uno de los episodios más dramáticos de nuestra historia es, sin duda, la muerte del general Desiderio Arias, ocurrida el 21 de junio de 1931, es decir, sólo 10 meses después de la llegada de Trujillo al poder.

Desiderio había contribuido como jefe del Partido Liberal, y junto a Rafael Estrella Ureña, jefe del Partido Republicano, al derrocamiento de Horario Vásquez en la conspiración del 23 de febrero de 1930. Aunque no era el móvil inicial de la conspiración, los acontecimientos se produjeron de una manera tal que terminaron con el ascenso al poder del brigadier Rafael Leónidas Trujillo.

Trujillo no era de su agrado, pero lo apoyó para salir de Horacio Vásquez, de quién era un adversario histórico. Así, en la campaña electoral de 1930 acompañó a Trujillo, con su prestigio de viejo y valiente general, y aceptó incluso ser candidato a senador por Montecristi, posición que ganó, aunque prácticamente no ejerció.

Desiderio no era un hombre de escritorios ni de parlamentos. Era un guerrero. Un montonero. Ya en el gobierno empezó a exigirle a Trujillo que cumpliera con lo pactado en cuanto a la cuota de empleos para sus seguidores.

El Jefe, zorro al fin, no ignoraba que él no era del agrado de Desiderio, por lo cual siempre lo observaba con recelo y cautela. Intuía que el general en cualquier momento le haría lo que siempre hizo: sublevarse. Y efectivamente, las relaciones entre ambos se deterioraron rápidamente. Arias no aceptó los intentos de Trujillo de imponer un partido único y denunció la persecución contra sus seguidores.

Durante meses fue sometido a presiones, vigilancia y amenazas. Finalmente, el 10 de junio de 1931, entendiendo, no sin razón, que su vida corría peligro, emite una proclama contra Trujillo y decide refugiarse en las lomas de Gurabo, cerca de Mao, acompañado por un grupo de partidarios escasamente armados.

Las fuerzas de Trujillo lo cercaron. Arias tenía entonces 59 años, estaba enfermo y ya no era el guerrillero vigoroso de antes. Pero tampoco el país era igual. Ahora había un ejército con control del territorio, bien armado, y con un jefe de gobierno que no le temblaba el pulso para matar a quien sea con tal de reinar.

El levantamiento, por tanto, estaba condenado al rápido y total fracaso. Tras varios intentos de negociación y promesas de garantías, fue abatido en los cerros de Gurabo el 20 de junio de 1931.

Algunas versiones sostienen que murió en combate; otras afirman que fue traicionado, capturado y ejecutado después de rendirse. Lo que sí ha quedado claro en la memoria histórica dominicana es que, tras su muerte, el cadáver fue decapitado, y su cabeza fue llevada, como trofeo de guerra, para demostrarle al dictador que el legendario caudillo era historia.

Existe incluso un relato según el cual cuando el oficial Ludovino Fernández informó a Trujillo que tenía la cabeza de Desiderio en un macuto, el dictador demostró su disgusto y respondió que aquello había estado mal hecho. Incluso, mandó a coser la cabeza al cuerpo. Algunos historiadores consideran auténtico ese testimonio, mientras otros, conociendo lo teatral que siempre fue Trujillo, lo ven con cautela.

De todas maneras, la decapitación de Arias tuvo un significado que trascendió al propio personaje. Para muchos fue la señal de que había desaparecido el último gran caudillo regional con capacidad de desafiar a Trujillo. La caída de Desiderio Arias, definitivamente, marcó el momento en que Trujillo comenzó a consolidarse como un poder absoluto.

La mañana en que cayó el general Desiderio Arias, el viejo país de los caudillos comenzó a morir con él. El gesto no era solamente una brutalidad. Era un mensaje. Se trataba de destruir no solo al hombre, sino también al símbolo.

La cabeza cortada y llevada en un macuto al Jefe había cumplido su propósito. La noticia se propagó rápidamente por todo el Cibao. Todo el mundo comprendió el significado de aquel acto bárbaro.

No se trataba simplemente de la muerte de un jefe político. Era la demostración de que una época había terminado. Con la cabeza de Desiderio viajando en un saco también viajaba el cadáver del viejo sistema de caudillos regionales. El mensaje era inequívoco. Si un hombre tan temido y tan respetado como Desiderio Arias podía terminar de aquella manera, ¿Qué podía esperar cualquier otro adversario?

Aquella cabeza cercenada simbolizó el instante en que el país pasó de las viejas guerras de caudillos regionales a una dictadura moderna, centralizada y absoluta. Cuando cayó Desiderio Arias en las lomas de Gurabo, murió un hombre. Cuando su cabeza fue separada de su cuerpo, murió una época. Y empezó otra. Empezó la época de Rafael Leónidas Trujillo, un hombre sanguinario, cruel y ladrón que iba a reinar nada menos que 31 años.

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