Sabana de la Mar en la memoria Johnn Messina

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Por Manuel Antonio Vega

Un pueblo que ignora su origen no es solo una comunidad sin archivos; es, en el sentido más riguroso de la filosofía, una entidad incompleta en su ser. Sin el relato de sus antecedentes, los hombres y mujeres que transitan sus calles corren el riesgo de convertirse en elementos animados que deambulan por la tierra, despojados del hilo invisible que conecta la existencia individual con el destino colectivo.

El libro Sabana de la Mar, obra del investigador John Messina, supera con creces la condición de simple catálogo cronológico para erigirse en un tratado sobre el rescate ontológico de un pueblo: el génesis, la evolución y la razón de ser de la tierra costera donde nació la Santa Señorita Elupina Cordero.

La memoria como imperativo ético y justicia histórica

La memoria es quizás uno de los dones más trascendentes otorgados a la condición humana. A través de ella no solo se almacenan datos, sino que se revela la huella viva de nuestros predecesores, otorgándonos la pertenencia y la identidad necesarias para proyectarnos hacia el futuro con fe, determinación y certidumbre.

Como bien señalaba el filósofo Paul Ricœur, la historia es una forma de justicia con los que ya no están; documentar el pasado no es un ejercicio de erudición vacía, sino un deber moral de reparación que trae al presente el aliento y la voz de quienes duermen en la quietud del silencio.

En su obra, Messina no busca juzgar ni enmendar el pasado desde la comodidad del presente.

Al transcribir de forma textual y fiel las actas del Honorable Ayuntamiento de la Común, respetando la sintaxis, los giros lingüísticos y hasta las inconsistencias ortográficas de los funcionarios de la época, el autor realiza un acto de profunda honestidad intelectual, digna de encomios y reconocimientos.

Los elogios a Messina deben ser de gran valor, pues nadie ha calculado en su justa dimensión el valor invaluable de su libro para las presentes y futuras generaciones. Sus aportes no se puede comprar con dinero, pero sí con elogios que lo hagan sentir mortal a su paso por este paríso terrenal.

Nos entrega la historia en su estado puro, pactada por sus propios actores a través de sesiones, resoluciones, ordenanzas y actos judiciales.

Nos muestra a seres humanos en su dimensión real, con su lenguaje, su creatividad, sus aciertos y sus imperfecciones.

«Quién ha sido bendecido con la gracia de relatar la historia, en realidad, reivindica la obra maestra de la creación al recrear con su pluma el milagro de la vida que despierta.», escribió en el prólogo de la obra, Pedro A. Hernández.

El historiador como insuflador de vida

Así como Heródoto inmortalizó la grandeza de la Grecia clásica, el esfuerzo de John Messina, hijo benemérito de esta tierra y heredero de la sensibilidad cultural de su estirpe, abre las puertas de la permanencia a su municipio, lo increíble en la hoja de la historia universal del conocimiento.

Emulando la intrepidez del profeta Ezequiel ante el valle de los huesos secos, Messina insufla el soplo del relato sobre los archivos polvorientos para que resucite la memoria sepultada.

Sabana de la Mar, como Lázaro, se sacude el polvo del olvido para mostrar ante el país y el mundo su verdadera estatura.

La novia de la bahía, donde el sol al despertar ilumina el lar y la luna besa el mar, recupera con esta obra su condición de sujeto histórico pleno.

El futuro desde la raíz

Recuperar el pasado no es un ejercicio de nostalgia; es la condición indispensable para habitar con dignidad el presente y construir el mañana.

Al poner sus archivos y su talento al servicio de sus compueblanos, John Messina no solo ha dejado un legado a las futuras generaciones: ha devuelto a Sabana de la Mar el derecho inalienable de saber quién es, de dónde viene y hacia dónde puede caminar.

Apuntes sobre Messina

Juan A. Messina (John)

La matriz del origen y el linaje del saber
nacer en Sabana de la Mar no es una simple circunstancia geográfica; es nacer frente a la quietud del agua y la vastedad de la bahía, donde el horizonte invita simultáneamente al arraigo y a la contemplación. En ese entorno germina la existencia de Juan A. Messina, conocido afectuosamente como John.

Hijo del comerciante Eliseo Messina y de Erica Tirado (Mary), abnegada ama de casa, Juan hereda desde el seno familiar una síntesis fundamental: la disciplina del trabajo y la calidez del hogar como refugio del pensamiento.

Su árbol genealógico no solo hunda raíces en el esfuerzo cotidiano, sino también en la vocación pedagógica y transformadora de su pueblo.

Emparentado con las insignes educadoras María Demorizi Pou y Virginia Pou, esta última inmortalizada en el nombre del centro de educación secundaria de la comunidad, Juan lleva en su impronta sanguínea el compromiso ético con la enseñanza, la iluminación de las mentes y el respeto sagrado por el saber colectivo.

La ciencia de las corrientes y la búsqueda del orden

Su formación inicial transitó por las aulas locales, para luego trasladarse a la Universidad Central del Este (UCE) en San Pedro de Macorís, donde cursó estudios de ingeniería eléctrica.

Lejos de ser un paréntesis inconexo en su vida, el estudio de las ciencias exactas y los circuitos eléctricos aportó a su estructura mental un rigor analítico singular.

La ingeniería le enseñó a comprender las fuerzas invisibles que conectan las estructuras; un principio conceptual que más tarde trasladaría al análisis social y cultural: la búsqueda de los hilos invisibles que tejen la historia humana.

El periplo del migrante y la dialéctica del retorno

La trayectoria vital de Juan A. Messina se ensancha en la experiencia del desplazamiento. Tras residir durante distintos períodos entre Estados Unidos y Puerto Rico, adquirió un dominio fluido del idioma inglés y una perspectiva cosmopolita del mundo.

La vivencia en el extranjero opera en él no como un desarrigo, sino como un espejo dialéctico: la lejanía fortalece la mirada crítica y aviva el amor por la patria chica.

Quien contempla su tierra desde fuera aprende a descifrar su verdadero valor al regresar.

La gestión cultural como sacerdocio cívico

Con la madurez del pensamiento y el bagaje de sus vivencias, su designación como Director del Departamento de Cultura de la Alcaldía Municipal marcó un hito en su pensamiento y acción.

Desde este espacio instituyó un ejercicio de indagación constante: la cultura dejó de ser un adorno burocrático para convertirse en un instrumento de autoafirmación comunitaria.

Su labor impulsó e incrementó sus investigaciones sobre la historia, el arte y las tradiciones locales, analizando de qué manera la identidad de Sabana de la Mar se inserta y dialoga con el gran relato de la dominicanidad.

La sabiduría de la memoria local

Definir a Juan A. Messina como un sabio de la historia municipal trasciende la mera acumulación de fechas o datos cronológicos.

Su sabiduría radica en la capacidad de otorgar sentido al pasado, de escuchar los ecos de las generaciones pasadas y de traducir el devenir de un pueblo en un legado inteligible para el presente.

John representa la figura del cronista-filósofo: aquel que comprende que resguardar la memoria de una comunidad es, en última instancia, defender su dignidad y asegurar su trascendencia en el tiempo.

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