Por Manuel Antonio Vega
La postrimería del siglo XX nos dejó un invento tan poderoso que ha mutado en el siglo XXI, cambiando la vida humana en la Tierra. Es un artefacto que no solo permite estar comunicado en tiempo real con otras latitudes, sino que también puede transformar por completo el sistema de cosas. Hablamos del artefacto eléctrico conocido como celular, cuya utilidad en la vida humana sobrepasa los límites del conocimiento racional y nos coloca en una posición de vulnerabilidad ante el avance de la ciencia y la tecnología.
¿Qué es y cuándo aparece?
Este dispositivo electrónico, que ha venido a resolver múltiples problemas a los seres humanos, es un artefacto portátil utilizado no solo para llamadas y videollamadas, sino también para conectar con redes mediante ondas de radiofrecuencia y una estructura de celdas o antenas, dinamizando la comunicación en el globo terráqueo.
Hay consenso en que la fecha de su aparición fue en el año 1973, y su invención se atribuye al ingeniero Martin Cooper, ejecutivo y mentor en Motorola.
A él se le reconoce haber creado el primer prototipo funcional de un teléfono celular (el DynaTAC 8000X), con el cual realizó la primera llamada histórica el 3 de abril de ese año.
Más tarde, en 1983, este invento alcanzó rápidamente la fama comercial y pasó a ser un aparato codiciado hasta el día de hoy.
Tras su presentación formal, la compañía Motorola rompió récords de ventas. Es bueno precisar que antes de la llegada del celular existieron sistemas de telefonía en vehículos desde 1946; sin embargo, no utilizaban la tecnología de red celular ni eran portátiles o personales.
Su evolución ha sido sin parangón y las personas comunes no imaginan la verdadera utilidad de este aparato, al cual, de un tiempo a esta parte, hasta se le ha satanizado.
Se ha llegado a decir que divide a la sociedad, destruye matrimonios y quiebra la salud de millones de mortales en la Tierra.
Las críticas a la tecnología
Los detractores de la tecnología afirman que el celular es un asesino silencioso, pues desplazó al teléfono fijo, absorbió a la computadora, acabó con el reloj de pulsera, disminuyó el impacto de la televisión y terminó con la radio.
También se ha escrito en su contra, sin conocer del todo su utilidad, que apagó la linterna, pulverizó el espejo, cerró periódicos y revistas, enterró a los libros y sepultó a los videojuegos tradicionales.
Dicen, además, que es cómplice de la desaparición de la billetera, que hizo inútil el calendario de escritorio y liquidó la tarjeta bancaria física.
Por otro lado, hay quienes escriben que este aparato ha separado a muchos matrimonios y dividido a familias enteras en la faz de la tierra.
También se le atribuye afectar el órgano visual, cansando la vista, y dañar la columna vertebral debido a la mala postura que se adopta al usarlo.
Para otros, el celular ha arruinado la salud mental desde su aparición.
Hay quienes van más lejos y exigen que hay que ponerle un alto, pues al paso que sigue la tecnología, arruinaría a la presente generación.
Es verdad que la tecnología es tan poderosa que puede alterar el sistema de cosas con solo accionar un botón o una tecla del celular, pero también es verdad que son los humanos quienes deben regular el uso de este tipo de aparatos.
Su uso no es malo si se emplea para las tareas de la vida organizada y para practicar el bien.







