Por Manuel Antonio Vega
HATO MAYOR DEL REY.— La noche prometía ser un espacio de tregua y esparcimiento. Como tantos fines de semana, la joven Yesenia Rodríguez Javier, conocida cariñosamente por los suyos como Gleny, salió a compartir junto a su esposo, Luis David Rodríguez, en un drink de diversión del sector Las Malvinas, en esta ciudad.
Sin embargo, el destino, implacable y silencioso, tenía escrita una tragedia que cambiaría para siempre el curso de sus vidas.
Era una muchacha adorable, de esas presencias luminosas que arraigan su cariño en lo más hondo de los vecindarios.
Residía en el laborioso sector de Villa Vilorio, en la zona norte de este municipio cabecera, donde su partida ha dejado un vacío imposible de llenar y un dolor que se respira en cada esquina.
Trabajaba en la banca de Lotería Hungo, donde ganó inmesidades de amistades.
El giro fatal de la noche
Los detalles de la tragedia estremecen.
Tras compartir unos momentos de sano esparcimiento, la pareja decidió salir brevemente en busca de algo de comida.
Fue en ese preciso instante, cuando la cotidianidad parecía transcurrir sin sobresaltos, que un infarto fulminante e implacable se abatió sobre ella, arrebatándole el aliento de manera repentina.
La desesperación no se hizo esperar.
Fue trasladada de urgencia a la emergencia del Hospital Provincial Leopoldo Martínez, buscando el milagro que los médicos ya no pudieron conceder: Yesenia llegó sin signos vitales.
El centro de salud, acostumbrado a recibir las angustias del pueblo, se convirtió una vez más en el escenario de una desgarradora escena de llanto e impotencia.
El derrumbe de un hogar
Para Luis David, su esposo y compañero de camino, la vida se ha desmoronado en cuestión de segundos.
El dolor de perder a la compañera con la que compartía proyectos y sueños es un peso demasiado hondo para llevar.
No menos desgarradora es la realidad que golpean a sus padres, Nonito Alfredo Rodríguez y Aracelis Javier.
Ver partir a un hijo siempre es contradecir el orden natural de la vida, pero ver cómo se esfuma la existencia de su única hija hembra representa un golpe tan profundo que lacera el alma de toda la comunidad hatomayorense.
Era madre de dos niños de 4 y 9 años, respectivamente.
La muerte de Yesenia no es un hecho aislado que duele por sí solo; se suma a una dolorosa y preocupante cadena de jóvenes de Hato Mayor que están partiendo a destiempo, dejando atrás hogares deshechos, amistades inconsolables y una estela de interrogantes sobre la fragilidad de la vida moderna.
Hoy, Villa Vilorio viste de luto. El barrio entero llora a la joven alegre y sencilla que se fue de repente, recordándonos la vulnerabilidad de nuestra existencia y la necesidad de valorar cada segundo junto a los seres que amamos.
Paz eterna al alma de Yesenia, y cristiana fortaleza para Luis David, sus padres y toda la familia afligida.







