Por Manuel Antonio Vega
Hay noticias que detienen el tiempo en un pueblo, y la noche del pasado sábado fue una de ellas para la comunidad de Don Juan.
Adriana Reyes recorría los caminos de Frías a bordo de una motocicleta. No viajaba sola: llevaba consigo la ilusión de la maternidad y los proyectos de una vida entregada a escuchar y guiar a los niños de la escuela del Cruce de Payabo.
Al volante del manubrio iba Luis Daniel Martínez, el popular «Jardabajo», rostro familiar para la comunidad escolar por su trabajo como portero en la escuela Profesor Cirilo Alcántara.
Un instante bastó para alterarlo todo.
En la oscuridad del camino, la fragilidad de las dos ruedas chocó de frente contra la fuerza inerte de un vehículo de cuatro ruedas.
La violencia del golpe interrumpió de golpe los sueños de Adriana y el latido del hijo que esperaba.
Mientras el silencio se apoderaba de la escena tras el accidente, las sirenas y el desconcierto rodeaban a Luis Daniel, quien desde esa noche lucha por aferrarse a la vida en una cama de hospital.
Hoy, los pasillos de las escuelas donde ambos entregaban su día a día amanece en sombra.
Mientras la justicia y los peritos buscan respuestas sobre lo ocurrido en esa carretera, Don Juan despide entre lágrimas a la joven psicóloga que dejó un vacío imposible de llenar.







