Por Manuel Antonio Vega
No esperen que el pueblo lleve la basura al cabildo. Hato Mayor del Rey, una ciudad histórica fundada hacia 1520 por Francisco Dávila, se está hundiendo de forma alarmante en los desechos sólidos.
Amado de la Cruz pasará a la historia como el alcalde que más ayuda presupuestaria ha recibido por parte de un gobierno central. Sin embargo, paradójicamente, su gestión mantiene al pueblo sufriendo una crisis sanitaria sin precedentes por la acumulación de desperdicios y la ausencia total de obras municipales.
Los promontorios de basura saturan cada esquina ante la mirada indiferente del ejecutivo municipal.
La población, que ya supera los 60 mil habitantes, califica a su alcalde como una autoridad indolente.
Mientras el cabildo duerme, los gusanos, moscas, ciempiés, cucarachas y ratones pululan en las calles, devorando la salud de los ciudadanos ante los ojos del gobierno local.
Como una burla del destino, en el vertedero municipal hay menos desperdicios que en el propio pueblo; simplemente, la alcaldía no la está recogiendo.
La causa de esta crisis es la absoluta falta de programación y planificación para retirar los desechos de las vías públicas.
La zona norte, que agrupa a más de 20 barrios, es la principal víctima de esta tragedia ambiental en una ciudad tradicionalmente católica y pacífica.
Las carreteras de acceso y penetración están bloqueadas por vertederos improvisados, sin que exista una fecha establecida ni un plan concreto para resolver el mal que acogota a la comunidad.
¿Qué está esperando el alcalde Amado de la Cruz? ¿Acaso busca que el pueblo se levante y deposite toneladas de desechos en la explanada frontal del cabildo o frente a su propia residencia, ubicada al lado del palacio municipal?
Nadie desea llegar a esos extremos, pero la ineficiencia oficial está empujando a la ciudadanía a tomar acciones drásticas para exigir que se cumpla con el deber básico de servir a los contribuyentes.
Amado de la Cruz ya se ha ganado un puesto en la historia local como el peor alcalde registrado en Hato Mayor del Rey, un título obtenido a pulso debido a su negligencia, apatía e indolencia.
Las demás autoridades de la provincia no pueden seguir siendo cómplices silenciosas; deben exigirle de inmediato que cumpla con la recogida de basura antes de que el descontento social detone en situaciones peores.
Es inadmisible el abandono actual: tal parece que el alcalde pretende que el pueblo se coma la basura.







