Deuda externa, olvido agrícola y la inflación en el país

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

​A menudo se nos vende la idea de que la inflación y el encarecimiento de la vida en la República Dominicana son subproductos inevitables de las crisis internacionales. Que si el petróleo sube, que si la guerra en Medio Oriente desestabiliza los mercados… En fin, una narrativa donde el país es una víctima pasiva del contexto global.

​Sin embargo, detrás del costo prohibitivo de la canasta familiar no solo hay crudo importado; hay decisiones políticas estructurales, un abandono sistemático del campo y una política de endeudamiento agresiva que compromete el futuro de la nación.

​El mito del petróleo vs. la realidad

​Es innegable que el petróleo afecta la economía global. Pero culpar exclusivamente a los factores externos de la miseria y las necesidades crecientes de los dominicanos es ocultar las deficiencias históricas de nuestro sistema productivo.

Antes de los recientes conflictos geopolíticos, la inflación interna ya devoraba los salarios.

​La verdadera raíz del problema no está en el Golfo Pérsico, sino en la estructura del agro dominicano, un modelo que ahoga al pequeño productor mientras premia la concentración de la tierra y la importación masiva.

​La tragedia de la tierra está en el Latifundio y el Minifundio

​El campo dominicano sufre de una polarización extrema que frena cualquier intento de desarrollo sostenible.

La distribución de la tierra agrícola en el país revela una desigualdad alarmante que actúa como una retranca para la seguridad alimentaria:
Esta asimetría explica por qué grandes corporaciones azucareras controlan extensiones territoriales mayores que las del propio Estado, destinando el suelo exclusivamente a la exportación.

Mientras el azúcar dominicana endulza mercados extranjeros, en el mercado local el néctar del «palo dulce» se vende por las nubes, volviéndose inaccesible para el ciudadano común.

​El Olvido del productor nacional y el negocio de las importaciones

​El Estado dominicano ha invertido sus prioridades: subvenciona y otorga mejores incentivos a los grandes conglomerados y a los importadores que a los pequeños agricultores.

​Hoy en día, el panorama en las zonas rurales es desolador, pues se registran y denuncian
​pérdidas de cosechas en todas las áreas productivas.

Cientos de pequeños productores ven podrirse sus productos en los campos debido al pésimo estado de los caminos de acceso y penetración.

​Asfixia financiera: La falta de créditos bancarios y recursos impide que los campesinos adquieran insumos básicos y medicamentos en las farmacias veterinarias para proteger su producción.

​El «Libre Mercado» como verdugo: Las importaciones de productos de consumo masivo se autorizan de manera permisiva, compitiendo en condiciones desleales y en franco perjuicio del productor local.

​El resultado de esta miopía estatal es un retroceso histórico en la soberanía alimentaria.

​Un dato escandaloso es que la producción agrícola per cápita, que en el año 2020 equivalía a 96 pesos por cada dominicano, ha descendido drásticamente a apenas 87 pesos en el 2026.

En lugar de avanzar al ritmo del crecimiento poblacional, la producción agraria va en reversa.

​El Festín de los Préstamos y el Congreso «Gomígrafo»

​La segunda gran causa de la inflación nacional radica en el manejo de las finanzas públicas.

El gobierno de Luis Abinader se ha caracterizado por administrar un volumen de fondos públicos sin precedentes en la historia republicana. Sin embargo, este flujo monetario no proviene de una bonanza productiva, sino de un endeudamiento desenfrenado.

​Abinader ha superado los niveles de endeudamiento de regímenes históricos como los de Trujillo o Balaguer, Leonel Fernández y Danilo Medina, consolidando un modelo económico mantenido prácticamente con dinero prestado.

Esta práctica permisiva ha contado con la complicidad de un Congreso Nacional que opera como un sello gomígrafo, aprobando de manera mecánica montos astronómicos que comprometen la estabilidad macroeconómica a largo plazo.

​A pesar de estos recursos extraordinarios, el gasto público no se traduce en infraestructura reproductiva para el campo, sino en el sostenimiento de una burbuja financiera que encarece la vida del ciudadano a pie.

​Geografía del Monopolio y Desequilibrio Regional

​La producción nacional se encuentra fragmentada y controlada por dinámicas de poder regional que limitan el libre mercado real:
​El Este está dominado por dos o tres familias que mantienen la producción de caña como su principal y exclusivo renglón productivo.

​El Cibao: Concentrado en el arroz, la ganadería y la producción avícola.

​El Sur: Relegado a la economía de montaña con cultivos como el café, el aguacate, las habichuelas y el plátano, desprovisto de los incentivos agroindustriales del norte.

​La inflación en la República Dominicana no es un fenómeno puramente importado; es un problema de manufactura nacional.

El latifundio ahoga al minifundio, el Estado financia la importación en detrimento de la producción criolla, y la economía se sostiene sobre el frágil suelo de la deuda externa.

​Si el gobierno actual no detiene la hemorragia de préstamos y rescata de forma urgente al pequeño productor —reparando caminos, facilitando créditos y frenando la competencia desleal de las importaciones,la canasta familiar seguirá siendo el símbolo de un país que produce riqueza para unos pocos a costa del hambre de la mayoría.

spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Compartir esta publicación:

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

Popular

Más como esto
Relacionado

Voraz incendio estremece el complejo Viva Dominicus en Bayahíbe

Por Manuel Antonio Vega BAYAHÍBE.- El destino turístico de Bayahíbe...

MLB y Grupo de Medios Panorama establecen acuerdo para transmitir la Amateur Scouting League 

 Santo Domingo.– Major League Baseball (MLB) y Grupo de...

De los más buscados en Pensilvania cae en Sabana de la Mar

Por Manuel Antonio Vega El sonido del mar Caribe y...