Por Manuel Antonio Vega
Hato Mayor del Rey. – La noche de este sábado, un velo de tristeza descendió sobre las calles de este municipio tras confirmarse la infausta noticia que nadie quería recibir: la partida definitiva de José Andrés Rodríguez, el hombre que, bajo los afectuosos seudónimos de «El Peje» o «El Pollo», supo tejer una red de afectos inquebrantable en el corazón de su pueblo.
No era simplemente un ciudadano más; era una figura conspicua, un personaje cuya sola presencia lograba alterar el ritmo cotidiano.
Su vida fue una cátedra abierta de empatía, distribuida con la generosidad de quien sabe que la mayor riqueza reside en el trato humano.
José Andrés poseía esa extraña y envidiable virtud de ser «fácil de digerir» al compartir, una cualidad que convertía cualquier encuentro fortuito en una anécdota digna de ser contada.
Incluso cuando los quebrantos de salud comenzaron a asediar su fortaleza, «El Peje» no permitió que el espíritu se doblegara.
Hasta el borde mismo de la existencia, mantuvo esa gestualidad característica y esa forma de hablar que lo distinguían, recordándonos que la esencia de un hombre trasciende sus dolencias.
Su legado de laboriosidad y respeto quedó sellado en sus años de servicio en la Oficina Senatorial, donde el senador Cristóbal Castillo, más que un superior, fue un amigo que acompañó su proceso hasta el último momento, otorgándole la licencia necesaria para buscar el sosiego en su hogar.
El propio legislador, conmovido, manifestó su pesar en redes sociales, elevando plegarias por el descanso eterno de un «gran hatomayorense».
En el ámbito familiar, su partida deja un vacío profundo, especialmente en su hijo, el conocido personaje político Mois Rodríguez, quien en una lucha incansable y filial, no escatimó recursos ni sacrificios intentando devolverle la salud a quien le dio la vida.
Hato Mayor hoy despide a un hombre apreciado por todos, desde las voces que resuenan en el parque hasta los mensajes de figuras como Reynaldo Nova, quien lo definió como un ser humano excepcionalmente respetado.
Se va «El Pollo», se nos fue «El Peje», pero queda en el aire de este pueblo el eco de su risa y la impronta de un hombre que, simplemente, supo ser amigo de todos.
Atacando.net en WhatsApp, oerdioy a un gran amigo y fiel que todos los días interactuaba en nuestro chat.
Que el Señor Todopoderoso lo reciba en su santo reino. Paz a sus restos.







