El río El Naranjo no es simplemente un cuerpo de agua; es una verdadera obra de arte de la naturaleza ubicada en la reserva natural de Los Haitises, en su ala Este.
Este lugar se ha consolidado como la principal carta de presentación turística de la zona, atrayendo a cientos de visitantes nacionales y extranjeros a sus aguas gélidas y su mística caverna navegable.
Corto y majestuoso
El Naranjo es conocido por ser el río más corto de la zona, destacando por su agua excepcionalmente fría, o «gélida», y su impresionante longitud navegable de más de 120 metros.
La experiencia culminante para el turista es penetrar en la embarcación hasta el mismísimo nacimiento del río, un espectáculo donde el agua brota a borbotones de entre las rocas.
El nacimiento es descrito poéticamente como la cabeza de un gigante que expulsa galones de agua por su boca, dando la bienvenida a quienes visitan este «museo de agua cristalina», recostado a las formaciones rocosas cálcicas de Los Haitises.
La Caverna:
es un santuario natural y mágico.
La caverna que alberga al río es un lugar mágico y vistoso. Su entrada permite el fácil acceso de embarcaciones de hasta 23 pies de eslora, llevando a los turistas directamente hasta las paredes internas del corto afluente.
La biodiversidad en la gruta funciona como un reservorio natural.
Es el hogar de colonias de murciélagos y vencejos, cuyo incesante trinar y sonidos obligan a los visitantes a aguzar la vista y el oído.
Sus aguas son un hábitat vital para especies nativas que han desaparecido de otros ríos, como guabinas, dajaos, carpías, camarones y jaibas.
Son formaciones Geológicas, donde la oscuridad interior de la caverna es adornada por el goteo constante del agua.
Este proceso milenario ha dado lugar a la formación de estalactitas y estalagmitas, haciendo el lugar aún más extravagante.
Dentro de la caverna, se aprecian bancos de rocas que parecen haber sido diseñadas para impresionar a los visitantes.
En su interior se puede disfrutar sensaciones únicas, pues el goteo de agua del techo es tan frío que se siente como granizo al caer sobre el cuerpo, ofreciendo una sensación inolvidable.
Experiencia turística y fantasía real
El Naranjo es un destino que conjuga belleza, aventura y un toque de fantasía: Aventura en la corriente.
Uno de los mayores atractivos es la oportunidad para los turistas de lanzarse desde las naves marinas a las escarchadas aguas del río.
La fuerte corriente que sale de la gruta los arrastra hacia el mar y en tiempo de lluvia, la chorrera es aún más potente, llevando a la gente hasta el mar a pesar de la corta distancia del río.
El río desemboca en una ensenada frente a las cristalinas aguas de la Bahía de Samaná, rodeada de cayos y el verde bosque que cubre la gruta se refleja en el agua, dándole un distintivo color azul turquesa.
La Playita
Junto al río se forma una playita de arena de mar de color amarillo, tan fina que se compara con arena para pañete de hogar.
Esta playita, combinada con la belleza escénica, convierte al lugar en un escenario idílico, incluso elegido por turistas para contraer nupcias.
Una hora no pasa sin que una nueva embarcación llena de turistas llegue al lugar, todos ansiosos por sumergirse en las aguas dulces del río, a pesar de su gran cercanía con el mar.
Ubicación y Protección
Esta magnífica formación geológica, producto de la naturaleza cálcica de Los Haitises, se encuentra a 8.35 millas náuticas (aproximadamente 15.53 kilómetros) del embarcadero de Caño Hondo.
Frente al río y el mar, en un pequeño espacio de tierra de unos 300 metros, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales ha instalado una caseta con guardabosques. Su objetivo es proteger la ensenada de la pesca inescrupulosa, asegurando la preservación de este valioso ecosistema.
El nombre de «El Naranjo» se debe a la existencia de árboles de naranjo en el pasado, de los cuales quedan pocos ejemplares hoy en día.
Leyenda Indígena
Según cuenta la leyenda local, el corto y frío río estaba antiguamente reservado solo para el baño de los jeques indígenas.
Ellos solían llevar a sus esposas para pasar el día y cocinar en este paradisíaco lugar.
En mi última visita con mis hijos y periodistas afectivos, almorzamos pescado fritos, capturados de las aguas del impresionante afluente.
Los mortales dominicanos no conocen su país, sino han visitado El Naranjo.







