Por Manuel Antonio Vega
HIGÜEY.- El amanecer del pasado viernes en el distrito turístico de Uvero Alto prometía la calma habitual de sus costas paradisíacas. Sin embargo, la rutina de la zona se convirtió en inquietud alrededor de las 7:30 de la mañana, cuando los primeros destellos del sol sobre la arena dejaron al descubierto una escena desgarradora en las inmediaciones del hotel Grand Sirenis.
Allí, donde las olas mueren en la orilla, yacía el cuerpo inerte de una mujer.
La marea había arrastrado hasta la superficie el cuerpo de una mujer, encendiendo las alarmas de la comunidad y de los cuerpos de seguridad del enclave turístico.
Al momento del tétrico descubrimiento, el desconcierto se apoderó de los primeros testigos.
Al momento del hallazgo no llevaba consigo ningún tipo de equipaje, documentos de identidad ni las credenciales o brazaletes que habitualmente utilizan los huéspedes para hospedarse en los complejos hoteleros de la periferia.
Durante las primeras horas, el misterio sobre quién era la víctima alimentó diversas especulaciones en la zona.
Fue tras el avance de las pesquisas iniciales que las autoridades lograron ponerle nombre a la tragedia.
La fallecida respondía al nombre de Yosaira Virginia Cabrera Rosario, una mujer de 44 años de edad y originaria de la ciudad de Santo Domingo.
Un inusitado despliegue de autoridades e hipótesis preliminares se desplegó en la playa de Ubero Alto.
Agentes de la Policía Turística (Politur), de la Policía Nacional y técnicos especializados de la Dirección Central de Investigación (Dicrim) acordonaron el área de la playa, transformandotemporalmente el paisaje vacacional en una activa escena forense.
Junto a ellos, representantes del Ministerio Público coordinaron el protocolo legal para el inicio formal de las indagatorias.
De manera preliminar, el diagnóstico que manejan los investigadores apunta a una posible asfixia por inmersión (ahogamiento).
No obstante, debido a las particulares circunstancias y la hora del hallazgo, el abanico de hipótesis se mantiene abierto y las autoridades evitan descartar de forma apresurada otras líneas de investigación.
El cuerpo de Cabrera Rosario fue levantado por los técnicos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) tras completarse las actas correspondientes en el lugar del hecho.
Sus restos fueron trasladados a la morgue judicial para fines de autopsia, procedimiento científico que dictaminará de manera oficial y concluyente la causa real de su deceso.
Mientras el Inacif trabaja en sus laboratorios y el Dicrim avanza en el terreno recolectando testimonios, Uvero Alto intenta recuperar su pulso habitual, bajo la pesada sombra de una muerte que aún aguarda por respuestas definitivas.







