Por Manuel Antonio Vega
En la cartografía de la resistencia antitrujillista, existen nombres que el polvo del olvido ha intentado cubrir, pero cuya impronta en la libertad dominicana es indeleble.
Uno de esos nombres es el del Licenciado Heriberto Núñez, un hijo de El Seibo que, con la ley en una mano y el ideal revolucionario en la otra, desafió al régimen de Rafael Leónidas Trujillo desde las entrañas mismas del sistema.
El Estratega de los Bateyes
Mientras la dictadura intentaba proyectar una imagen de orden y paz laboral, Núñez se infiltraba en el corazón económico del régimen: los ingenios azucareros.
Como directivo del Partido Socialista Popular (PSP), no solo llevaba consignas, sino una conciencia de clase.
Fue pieza clave en la organización de huelgas que pusieron en jaque la producción azucarera en la década de 1940, demostrando que el brazo obrero podía ser el tendón de Aquiles del «Jefe».
La Imprenta bajo el Fusil
Quizás el acto de mayor audacia de Núñez fue la batalla de las ideas.
En un gesto de ironía y valentía suprema, operó una imprenta clandestina justo frente a la Fortaleza Santa Cruz de El Seibo, el centro del poder militar local.
Bajo la complicidad de «Don Lico», un héroe anónimo de la retaguardia, Núñez logró lo impensable: la publicación y difusión del Manifiesto Comunista.
En un país donde poseer literatura de izquierda era una sentencia de muerte o desaparición, Heriberto convirtió el papel y la tinta en armas de instrucción masiva para la juventud progresista de la época.
El Puente con el Exilio Español
Su formación no fue aislada. Núñez fue el gran aliado de los exiliados republicanos españoles que llegaron al país tras la Guerra Civil Española.
De ellos absorbió la experiencia de la lucha antifascista europea, y a cambio, les brindó una solidaridad inquebrantable en un suelo dominicano que a menudo les era hostil por orden oficial.
Esa simbiosis intelectual fortaleció el pensamiento marxista-leninista en la región Este.
«Se trata de un humilde y capaz abogado, merecedor de ser recordado y homenajeado por los dominicanos progresistas de todos los tiempos», llegó a escribir José Ramón Grullón y Martínez, compañero de luchas.
Un Legado en la Sombra
Heriberto Núñez no buscó los reflectores de la post-dictadura. Su lucha fue de convicción, no de conveniencia.
Fue el «seibano de todos los tiempos» que prefirió la coherencia ideológica al aplauso fácil.
Hoy, su figura se alza no solo como un referente del derecho, sino como el ejemplo del intelectual que no temió ensuciarse las manos en el barro de la revolución para limpiar el futuro de su nación.
Puso la Toga al servicio de la Libertad
Hoy nos convoca la memoria a escribir de un hombre que entendió que el derecho no es solo una colección de códigos, sino una herramienta de justicia social. El Lic. Heriberto Núñez no fue un abogado de oficina y aire acondicionado; fue un estratega de la resistencia.
Nacido en el corazón de El Seibo, Núñez convirtió su profesión en un escudo para los obreros de los ingenios y en una espada contra la tiranía.
Mientras Trujillo intentaba silenciar al país, Heriberto, junto al inolvidable «Don Lico», hacía rugir una pequeña imprenta a escasos metros de los fusiles de la Fortaleza Santa Cruz.
Su legado no solo reside en las huelgas que organizó o en los libros que tradujo, sino en la solidaridad internacionalista que brindó a los exiliados españoles, tendiendo un puente de hermandad entre la lucha antifascista europea y la resistencia dominicana.
Recordar a Heriberto Núñez es recordar que la dignidad no tiene miedo, y que la libertad se escribe, a veces, en la clandestinidad más absoluta.
Mientras los guardias vigilan desde las torres, a solo unos pasos, el Licenciado Heriberto Núñez y un hombre apodado «Don Lico» desafiaban a la muerte. No llevaban armas de fuego, llevaban tinta.
«Si nos encuentran, Lico, no habrá juicio. Pero si este papel llega a los bateyes, habrá esperanza», decía al zorro que tipiaba los panfletos para distribuirlo en los ranchos de tablas de palmas real en los bateyes del Este.
Allí, en el anonimato de una pequeña casucha, se imprimía el Manifiesto Comunista y las consignas del Partido Socialista Popular.
Núñez, el abogado de los humildes, sabía que la educación era el primer paso para la caída del tirano.
Termino diciendo que Heriberto Núñez: el seibano que puso la inteligencia al servicio de la revolución. Un héroe que la historia oficial intentó olvidar, pero que hoy recuperamos para las nuevas generaciones.







