Por Manuel Antonio Vega
Un análisis sobre la educación, la geopolítica de la amnesia y el alma de la nación
La denuncia reciente de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) no es un simple reclamo gremial ni una desavenencia burocrática sobre contenidos curriculares. Cuando se afirma que la historia nacional ha sido extirpada de los libros de texto que llegan a las aulas, específicamente en proyectos de alcance masivo como Libro Abierto, nos enfrentamos a un problema de escala existencial. Extirpar la historia de la formación de los jóvenes no es una omisión técnica: es una castración de la conciencia histórica.
Como bien lo formuló el filósofo Paul Ricoeur, la identidad individual y colectiva es constitutivamente narrativa. Existimos en la medida en que podemos contarnos quiénes fuimos para comprender quiénes somos y hacia dónde caminamos. Un pueblo sin memoria histórica no es un pueblo libre; es una masa amnésica y maleable.
«Nos están desnaturalizando la nacionalidad dominicana», advierte la ADP. La frase no es una exageración retórica; es el diagnóstico de una metamorfosis cultural.
Desde hace décadas, la lógica de los organismos multilaterales y las grandes corporaciones editoriales internacionales (como Pearson) ha promovido un modelo educativo teñido de un pragmatismo utilitarista. En esta cosmovisión neoliberal, la educación ya no busca formar ciudadanos críticos y arraigados en su soberanía, sino unidades operativas para el mercado global.
Para esta dinámica geopolítica:
- La historia crítica estorba: Invita a cuestionar las relaciones de poder, a recordar las luchas por la independencia y a reflexionar sobre las dependencias económicas y territoriales.
- El individuo ahistórico es ideal: Se le prefiere despojado de raíces, fácil de moldear mediante el consumo, tecnificado pero conceptualmente vacío.
Cuando el crédito o el préstamo educativo se condicionan a la reescritura o eliminación de los contenidos de identidad, tal como señala el gremio magisterial, la pedagogía deja de ser un acto de emancipación y se convierte en una herramienta de dominación blanda. L
a soberanía de una nación se defiende en sus fronteras, pero se construye y se protege, en primera instancia, en la pizarra de una escuela rural.
El «Metal Humano» y los custodios de la memoria
El texto de la denuncia contiene una metáfora profunda e inquietante: esta herida no se puede soldar con ningún tipo de varilla de adhesión al metal humano.
El «metal humano» es esa urdimbre de dignidad, pertenencia, valores compartidos y memoria acumulada que forma el carácter de un pueblo.
Cuando la ingeniería institucional intenta fragmentar esa cohesión, se produce un quebranto que ninguna política cosmética ni ningún eslogan modernizador puede reparar.
En medio de este escenario, emerge una figura casi heroica: el docente que conserva los libros antiguos.
En un acto de desobediencia civil silenciosa y profundamente filosófica, los maestros dominicanos acuden a las ediciones viejas para rescatar a los héroes, las batallas, los procesos sociales y las contradicciones que formaron la República. Estos educadores se convierten en los guardianes del fuego sagrado, evitando que la llama de la dominicanidad sea sofocada por la burocracia global.
Inteligencia Artificial en aulas sin luz
Resulta trágicamente paradójico hablar del uso de la Inteligencia Artificial o de la vanguardia tecnológica en un sistema educativo donde:
- Decenas de planteles carecen de laboratorios básicos.
- La brecha digital acentúa la desigualdad entre el campo y la ciudad.
- Los propios maestros deben financiar la conexión a Internet de sus bolsillos para poder trabajar.
No se trata de rechazar la tecnología, la ADP con acierto reconoce el potencial de la IA, sino de reflexionar sobre la ética de la prioridad. Pretender insertar algoritmos avanzados e inteligencias generativas en un estudiantado al que se le ha privado de su propia historia es construir un rascacielos de cristal sobre cimientos de barro.
La Inteligencia Artificial sin ética ni contexto histórico no es educación: es mera automatización. Si el estudiante no sabe quién es ni de dónde viene, la IA no lo liberará; simplemente acelerará su alienación.
El deber ontológico de salvar el futuro
La propuesta del gremio docente de implementar paneles solares y redes Wi-Fi públicas demuestra que el magisterio no le teme al futuro; le teme al vacío. Producir la propia energía y garantizar el acceso al conocimiento son dos caras de la misma moneda: la autosuficiencia.
Defender la historia dominicana en los libros de texto no es un arrebato chauvinista ni un encierro xenófobo; es el reconocimiento primario de que para dialogar con el mundo primero hay que tener un lugar desde el cual hablar.
Un árbol con raíces profundas soporta cualquier tormenta; un árbol cortado en su base se convierte en leña para el fuego ajeno.
El país no solo necesita aulas conectadas a la red eléctrica o al ciberespacio; necesita, por encima de todo, escuelas conectadas al corazón de su propia historia.







