Hay quienes creen que el senador Cristóbal Castillo y José Rijo Presvot puede hacer realidad la obra en la presente coyuntura política. La puja está echada, esperar a ver quién lo logra
Por Manuel Antonio Vega
La Casa de la Cultura de Hato Mayor se ha convertido en el monumento más vergonzoso de la desidia política en la República Dominicana. Este lugar soñado para ser el epicentro del desarrollo artístico y educativo de la provincia es hoy un esqueleto de concreto que se cae a pedazos.
A casi tres décadas de haber sido iniciada, esta obra representa una burla continuada para una comunidad que ve cómo el talento de sus jóvenes se apaga por la falta de voluntad de sus gobernantes.
La historia de esta edificación es el reflejo exacto de la inercia estatal.
Iniciada durante la gestión municipal de Ramón Benjamín O’Brien (Ramón Colchón) entre 1994 y 1998, la estructura ha sobrevivido, en el más absoluto olvido, a seis administraciones nacionales y locales.
Presidentes de distintos partidos, incluidos Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina, pasaron por el poder sin mover un solo bloque para dignificar este espacio.
El tiempo corre de forma implacable: los niños y adolescentes que en los noventa pudieron haber descubierto su vocación en el arte, la danza, la pintura, la música o el teatro, hoy son adultos con hijos.
De mantenerse la apatía actual, esa nueva generación correrá la misma suerte de exclusión cultural.
Resulta indignante que cada proceso electoral convierta a la Casa de la Cultura en una burda bandera de campaña.
Tanto el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en su momento, como el actual Partido Revolucionario Moderno (PRM), han utilizado la obra para engatusar al electorado con anuncios rimbombantes de «reinicio» que jamás concluyen en nada.
Las palabras se las lleva el viento, y los presupuestos asignados o prometidos parecen disolverse en la burocracia y las promesas vacías.
Hoy, la pelota está en la cancha de las autoridades vigentes.
El actual Gobierno nacional y los legisladores provinciales, el senador Cristóbal Castillo y los diputados Carmen Ligia Barceló y Héctor Fodi Rosa (Puchito), han asumido compromisos públicos para gestionar la terminación de la obra. Sin embargo, la ciudadanía de Hato Mayor ya no vive de buenas intenciones ni de comunicados de prensa.
Como bien señalan los comunitarios, los funcionarios de turno no pueden seguir siendo «más de lo mismo».
Terminar la Casa de la Cultura no es un lujo ni un capricho; es una necesidad urgente para rescatar el tejido social y fomentar valores en una juventud que carece de espacios sanos para su desarrollo integral.
Exigimos al Gobierno central y a las autoridades locales que detengan este ciclo de promesas rotas.
Hato Mayor merece que su corazón cultural vuelva a latir y que, de una vez por todas, se salde esta deuda histórica de 29 años de abandono.







