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La Viuda y el misterio del aljibe en San Pedro de Macorís

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

Cuentan que cuando las «Danzas de los Millones» en San Pedro de Macorís no se dormía, pues el dinero fluía como el melado de caña y el lujo vestía las calles de la «Sultana del Este».

Entre ese brillo destacaba Estela Michel, una mujer de una belleza tan afilada que cortaba el aliento.

Pero detrás de sus ojos claros y su elegancia de seda, se escondía un vacío que ni el oro de su esposo, un rico comerciante de la zona, podía llenar.

Un día, el murmullo de las olas del malecón fue superado por un rumor más persistente: el marido había desaparecido.

El luto y la sospecha
Estela lloraba.

O al menos, eso simulaba tras un velo de encaje negro, denso y oscuro como «boca de infierno». Los meses pasaron y la ciudad se acostumbró a ver a la viuda solitaria, hasta que la culpa, o quizás el deseo de sellar su destino, la llevó a emprender un viaje hacia las tierras místicas de Haití.

Contrató a un chofer para cruzar la frontera.

Se rumoraba que buscaba respuestas en lo invisible, pero lo que encontró fue su propia sentencia.

Al regresar, la avaricia o el despecho —según quien cuente la historia— rompió el pacto de silencio.

El Secreto bajo el Agua

Hay dos verdades en Macorís, como dos corrientes que chocan en el río Higuamo:

La versión del «Papabocó»: Se dice que un sabio haitiano, tras mirar las profundidades de lo oculto, señaló el camino de vuelta a casa.

No señaló a un hombre, sino a una estructura: el aljibe.

El chofer, al no recibir el pago prometido por el viaje, decidió que la verdad valía más que el silencio y llevó a las autoridades ante el depósito de agua de la casona.

La versión del amante despechado: Otros aseguran que el chofer no era un simple empleado, sino el cómplice y amante de Estela. Juntos habían silenciado al marido, pero el peso del muerto es mayor que el del oro.

El hombre, devorado por los celos de una nueva infidelidad de la Michel, decidió que si ella no era suya, no sería de nadie.

El Final en el Paredón

Cuando la policía vació el aljibe, el horror flotó a la superficie.

Los restos del comerciante confirmaron el secreto que el agua había guardado por tanto tiempo.

La sentencia fue rápida. En aquellos años, la ley no perdonaba con retórica.

Estela Michel, la mujer que fue el sol de San Pedro, terminó frente a una fila de fusiles.

Dicen los viejos que, antes de las descargas, su belleza seguía intacta, pero su mirada ya estaba en el fondo de aquel aljibe oscuro.

Nota histórica: Esta leyenda refleja la transición de San Pedro de Macorís de una aldea humilde a una potencia económica, donde las pasiones humanas a menudo terminaban en tragedias judiciales bajo la ley de la época.

¿Habrá sucedido esto en San Pedro de Macorís?

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