Por Manuel Antonio Vega
Los emporios azucareros y sus representantes intelectuales están empleándose a fondo para enfrentar la lucha de los campesinos por la tierra en las zonas de Hato Mayor y San Pedro de Macorís. No solo utilizan la fuerza de las armas «en vivo y directo», sino que usan sus cañones propagandísticos para restarle cualquier posibilidad de apoyo urbano a los desposeídos del campo; aquellos a quienes la justicia también desampara.
Lo que está ocurriendo con los pequeños productores de ganado y cultivos agrícolas en el batey Monte Coca (en el Distrito Municipal de Mata Palacio) es el preludio y la advertencia de que ha habido una retrospectiva con réplicas de lo ocurrido en muchos puntos del país en el pasado siglo XX.
En el siglo pasado, los grandes emporios azucareros comenzaron a practicar la barbarie contra los campesinos para adueñarse de las tierras con vocación cañera en toda la planicie de la llanura oriental, comprendida desde San Isidro hasta Higüey.
Fueron holocaustos y persecuciones estructuradas para arrebatarles las tierras cultivadas que servían para el sustento familiar, llegando al extremo de pegar fuego a las plantaciones de maíz, maní, víveres y frutales tropicales.
Debieron los campesinos que sublevarse en las montañas orientales de la Isla Hispaniola para no ser asesinados, siendo llamado luego como «gavilleros y bandidos».
El asedio en la actualidad
En los días que corren, con el aparente apoyo de fiscales de Hato Mayor, una empresa denominada «La Finca» (afiliada a un reconocido emporio azucarero) no solo comete quemas de cultivos, sino que mata a los animales de los campesinos.
Y cuando no los apresan, los sacan de la jurisdicción de Hato Mayor para que los pequeños criadores tengan que ir a pagar multas e impuestos al municipio de Consuelo, en la provincia de San Pedro de Macorís.
El asedio es constante bajo el alegato de que los animales destrozan y se comen el «palo dulce» (la caña de azúcar).
Sin embargo, lo que no se entiende es por qué llegan de madrugada a sacar los animales de los pequeños hatos de los productores para transportarlos hacia Consuelo.
El trasfondo de la campaña: Se busca la forma de facilitar y justificar la represión y la sumisión de los bateyanos para que abandonen los predios con vocación cañera.
La mentalidad de nuestros señores de la tierra camina hoy en día por esos rumbos feudales, ante la aparente complicidad de autoridades que se muestran beligerantes frente al hombre de batey, ese que trabaja bajo el sol cada día para llevar de comer a su prole.
No importa que sea tierra baldía: es intocable porque «pertenece a La Finca».
Parece que en Mata Palacio existe un solo título otorgado a los superpoderosos.
Para mantener los atropellos y alcanzar privilegios en su carrera de abusos, los amos del campo y sus amigos urbanos recurren a argumentos ancestrales que se creían desaparecidos.
Nos recuerdan que la propiedad privada es sagrada. Pero si la propiedad privada es sagrada, mucho más lo es la propiedad agraria en un país que depende de los productos de la tierra.
Estamos contando esta historia porque está ocurriendo ahora mismo y no se publica en los grandes periódicos, pues hasta allí, a la gran prensa, llegan sus tentáculos.
Han logrado no solo tener más tierra que el Estado, sino concentrar los «mass media» en grupos de comunicaciones que operan como corazas impenetrables.
Aunque los tiempos han cambiado, estos señores siguen como el primer día —ahora con más apoyo que nunca—, atropellando y cometiendo vejámenes contra el pequeño productor de Monte Coca.
El Gobierno debe proteger a Monte Coca
El Gobierno del presidente Luis Abinader y el PRM tienen que intervenir para evitar la aniquilación total de Monte Coca, disponiendo un asentamiento agrario donde se concentre el mayor número de agricultores.
Allí se podrían organizar siembras diversas que dinamizarían la economía alimentaria en la región turística del este.
¿Quién dijo que la llanura oriental solo produce caña?
Mentiras del diablo.
Por supuesto, si finalmente se les entrega un pedazo de tierra a los campesinos, el presidente también debe entregar a tiempo los fertilizantes, los equipos y todo lo demás que se necesita para una buena siembra.
Es lógico que si no se acaba de entregar la tierra a los campesinos, y tampoco se define si serán los terratenientes quienes seguirán usufructuándola, la productividad caiga.
Los enemigos de la Reforma Agraria se aprovechan de esto para señalar los efectos negativos de las luchas campesinas y los percances que traen a la sociedad.
Ellos, naturalmente, no tienen la mínima calidad moral para hablar en nombre de la productividad o de la eficiencia.
Es hora de iniciar la lucha
Lo importante es que los campesinos sin tierra conozcan sus derechos y vayan a luchar por ellos.
Ya está bueno de que solo los busquen en las elecciones, justamente en los momentos en que los necesitan para luego dejarlos olvidados, como «pavos de Nochebuena».
Es tiempo de pensar en Monte Coca y desarrollar un proyecto agrario integral que incluya viviendas y provea al campesino de las herramientas necesarias para labrar la tierra, así como de las semillas para la siembra.
El presidente Abinader prometió en campaña respaldar al hombre de campo; esa promesa, hasta ahora incumplida, debe materializarse en Monte Coca emprendiendo acciones para que el campesino trabaje las tierras estatales y estas no sean asaltadas por los emporios azucareros.
Un proyecto agrícola es un paso hacia adelante; es un avance incalculable que beneficiará a cientos de familias en condiciones de pobreza extrema.
Una de las poquísimas veces que la televisión dominicana merece ser observada es cuando el presidente se dirige a la población.
Actúa, escenifica y hace ver que las cosas se materializarán.
Existe un énfasis que él quiere transmitir en determinados pasajes que a veces se pierde o no es captado; suelta promesas que luego no ejecuta, como si borrara con el codo lo que escribe con la mano.
¡Monte Coca espera por respuestas!






