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Una noche de luto en Bayaguana

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Por Manuel Antonio Vega

​La noche del miércoles en Monte Plata no fue la habitual, pues en la comunidad de Cocinero, donde el sonido de los motores suele ser parte del paisaje cotidiano, el estruendo de un impacto seco y metálico cambió el ritmo del tiempo.

No fue un roce, fue el choque definitivo de dos destinos sobre dos ruedas.
​Yeison de Óleo Otañe, un joven conocido en su comunidad de Copey, transitaba por la carretera sin saber que ese tramo de asfalto sería el último en recorrer.

Según los relatos preliminares, el destino se selló en un segundo: dos motocicletas, frente a frente, colisionaron en una danza fatal que no dejó espacio para la reacción.

​Tras el impacto, el silencio regresó por unos instantes, solo interrumpido por el eco del choque que aún vibraba en los oídos de los vecinos.

En el suelo, la realidad era desgarradora,
​pues dos conductores fallecidos, esparcidos sobre el asfalto.

Entre ellos Yeison, cuya vida se apagó en el mismo lugar del siniestro.

​Una joven, que viajaba como acompañante, quedó atrapada entre el dolor y la inconsciencia, con heridas que exigían un milagro inmediato.

​Poco después, las luces intermitentes rojas y azules del Sistema 9-1-1 cortaron la negrura de la noche.

Los paramédicos trabajaron contra el reloj, estabilizando a la joven herida antes de emprender el viaje urgente hacia el Hospital Dr. Ángel Contreras en Monte Plata.

Mientras tanto, en Bayaguana, la noticia corría más rápido que las ambulancias, dejando a la comunidad de Copey sumida en la incredulidad total, no aceptaba la muerte del joven.

​Hoy, las autoridades intentan armar el rompecabezas de lo ocurrido en Cocinero. ¿Fue la velocidad? ¿La falta de iluminación?

Las respuestas técnicas vendrán con el informe oficial, pero para los familiares de Yeison, ninguna explicación será suficiente para llenar el vacío de una vida que se detuvo de golpe en una carretera de Monte Plata.

​ES bueno siempre recordar que las tragedias viales en motocicletas siguen siendo una de las realidades más duras de nuestras provincias.

La pérdida de Yeison de Óleo Otañe nos manda a reflexionar sobre lo doloroso que es la fragilidad que se lleva en dos ruedas.

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