Por Manuel Antonio Vega
La política exterior, especialmente cuando viene de la mano de una figura como Donald Trump, rara vez se mueve por filantropía.
Lo que hoy presenciamos respecto a Venezuela tiene todos los tintes de una verdad axiomática: más allá de la retórica sobre la democracia, se ha gestado un negocio de proporciones monumentales.
De la pólvora al apretón de manos
Resulta, cuanto menos, desconcertante el cambio de narrativa.
Hace apenas un suspiro, la potencia del norte desplegaba su músculo militar en una incursión que dejó una estela de bombardeos y el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
Hoy, el mismo «timonel» que ordenó la ofensiva parece estar preparando las maletas para una visita oficial.
Este acercamiento no es una casualidad diplomática; es la confirmación de que el pragmatismo económico ha devorado a la ideología.
Las piezas del tablero
¿Qué ha cambiado para que el agresor de ayer sea el visitante de mañana?
Varias lecturas emergen de este escenario:
El botín energético: Estados Unidos nunca ha ocultado su histórico deseo por administrar las vastas reservas petroleras del país suramericano.
La «paz» parece ser el peaje necesario para abrir de nuevo los grifos hacia el norte.
El descarte político: Resulta revelador que, tras la captura de Maduro, Trump desestimara a la figura que la oposición y el mundo señalaban como ganadora de las elecciones, alegando una supuesta falta de «bagaje».
Este movimiento deja claro que el objetivo no era la institucionalidad, sino encontrar un interlocutor funcional a sus intereses.
La geopolítica del beneficio: Como señalan los expertos, se ha hecho un «fino negocio». Un negocio donde la soberanía venezolana parece haber sido la moneda de cambio para estabilizar los intereses estadounidenses en la región.
»En la política de las grandes potencias, los disparos de hoy son las facturas del mañana.»
¿Armonía o conveniencia?
No es intrínsecamente malo que adversarios en conflicto busquen la avenencia. La paz siempre será preferible a la guerra.
Sin embargo, cuando el acercamiento se produce sobre las cenizas de una invasión reciente y con el brillo del petróleo de fondo, la duda es obligatoria.
Si bien la retórica oficial hablará de «sincera armonía», los hechos sugieren que estamos ante una transacción comercial de alto nivel.
Trump, fiel a su estilo de negociante, parece haber asegurado la mejor partida de este tablero.
El Petróleo: ¿Botín de guerra o moneda de cambio?
La captura de Nicolás Maduro y su posterior traslado a Nueva York el pasado enero de 2026 no solo marcó un hito militar, sino que abrió la compuerta de lo que muchos analistas llaman el «Plan de Reconstrucción Energética» de Donald Trump.
1. El control directo de las mayores reservas del mundo
Con más de 300.000 millones de barriles en reservas probadas, Venezuela ha pasado de ser un paria energético a la joya de la corona del suministro estadounidense.
La estrategia parece clara:
Gestión directa: La Casa Blanca ya ha sugerido que decidirá qué petroleras podrán operar en suelo venezolano.
Exclusión estratégica: Se ha solicitado la salida de actores como China, Rusia e Irán, asegurando que el crudo pesado venezolano fluya exclusivamente hacia las refinerías de la Costa del Golfo en Estados Unidos.
2. La inyección de capital vs. la soberanía
Se habla de una inversión masiva de 100.000 millones de dólares para modernizar PDVSA.
Aunque el empresariado local ve esto con optimismo por la reactivación económica y la estabilización cambiaria, el costo político es evidente:
La «partida» de Trump: El beneficio de Estados Unidos es doble; asegura energía barata y recupera activos que Trump afirma fueron «robados» a inversionistas norteamericanos durante décadas.
El destino del crudo: Ya se han anunciado planes para administrar 50 millones de barriles iniciales «en beneficio de ambos países», una frase diplomática que oculta el control operativo total de la potencia del norte.
3. Impacto en el mercado global
A pesar de la magnitud del evento, el mercado petrolero se mantiene cauteloso.
Con un Brent rondando los 61 USD, los expertos advierten que:
Reconstrucción lenta: Llevar la producción de los actuales 900,000 barriles a los históricos 3 millones tomará al menos una década.
Sobreoferta mundial: El control de Trump sobre el crudo venezolano podría usarse más como una herramienta de presión geopolítica contra la OPEP que como un cambio inmediato en los precios de las estaciones de servicio.
La pregunta que queda en el aire es: ¿a qué costo para el pueblo venezolano se ha firmado este pacto de caballeros?







