Por Manuel Antonio Vega
En la esquina de la calle Miches con Juan Barceló, el día comienza antes de que el sol termine de despuntar.
No es solo un colmado; es el cuartel general de Felipe Díaz Eusebio, un hombre que cambió los senderos de su natal Las Tunas, en San Francisco-Vicentillo, por el mostrador más concurrido del sector Las Malvinas, al norte de Hato Mayor del Rey.
A Felipe casi nadie lo llama por su nombre. Para todos es “Persona”, un apodo que se le pegó como sello de identidad y que hoy es sinónimo de confianza.
Con su sonrisa «acoplada» y un humor que parece no agotarse nunca, atender el negocio no es para él un sacrificio, sino una puesta en escena diaria.
Un «peregrinaje» por provisiones
La fama de «comerciante serio» no es gratuita. Aunque el sector está lleno de negocios, el de «Persona» recibe un flujo constante de gente que baja de los campos y sectores adyacentes.
No vienen solo por el aceite o las habichuelas; vienen por el trato.
— ¿A cómo está la libra de arroz? —pregunta una vecina con la prisa del mediodía en los hombros.
— Bueno, ¿eso es para comer aquí o para cocinar en la casa? —responde él con su característica chispa.
— ¡»Persona», deje el relajo que ya van a ser las doce y mi marido viene a comer!
— Si es para comer, usted sabe que usted es «de lo mío»; eso cuesta 32 pesitos —sentencia él, cerrando el trato con una carcajada.
Este estilo único, donde la venta se mezcla con la anécdota de sus tiempos en el campo, mantiene el local atiborrado de lunes a domingo, desde antes de las 7:00 de la mañana.
De «Ataja Cheles» a referente del comercio
La historia de Felipe es la del emprendedor nato. Hijo de Don José Eusebio y la señora Josefa Díaz, dio sus primeros pasos comerciales en Las Tunas con un pequeño negocio tipo «Ataja Cheles».
Ese humilde ventorrillo fue la bujía que encendió su ambición.
En 1989, decidió que el horizonte de la ciudad le ofrecía más espacio para crecer. Se mudó a Hato Mayor del Rey sin imaginar que su disciplina —esa que lo obliga a levantar la persiana cuando otros aún duermen— lo convertiría en un pilar de la zona norte.
Hoy, junto a su esposa Fior Mota y sus hijos, gestiona un legado que va más allá de despachar mercancía o procesar la tarjeta «Supérate».
Lo suyo es la decencia y la «animación» constante de su clientela.
El sello de «De lo Míos»
Para «Persona», la reputación es un tesoro no negociable. Su filosofía es simple: responsabilidad, buen trato y una frase de batalla que resuena cada vez que alguien asoma la cabeza por el mostrador: «¡Usted es de los míos!».
En un mundo donde el comercio se vuelve cada vez más frío e impersonal, Felipe Díaz Eusebio recuerda que un negocio próspero se construye con pesas exactas, pero también con corazones ganados.
Su vida es la prueba de que el trabajo honesto y una buena salida humorística son la mejor receta para conquistar un barrio.
Persona, te lo dice Manuel Vega: Eres genial».







