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​La impunidad en la cárcel de El Seibo

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

​Cuando el Estado dominicano priva a un ciudadano de su libertad, asume ante la sociedad un contrato sagrado: el deber de custodiar, salvaguardar la vida y facilitar la rehabilitación de quien ha infringido la ley.

Sin embargo, en el recinto penitenciario de El Seibo, este contrato no solo ha sido roto; ha sido subastado al mejor postor.

​Las recientes denuncias sobre el control absoluto que ejerce un interno —conocido bajo el alias de Yeri— sobre el destino, la integridad física y la seguridad de los demás reclusos, no pueden calificarse simplemente como «un problema de disciplina».

Estamos ante una confesión pública de la abdicación del Estado.

Cuando los muros de una cárcel dejan de proteger a los internos para convertirse en el escenario de un feudo privado, donde la autoridad institucional —alcaides y custodios— se despoja de su uniforme para vestir el traje de la complicidad y el lucro, el sistema penitenciario deja de ser un centro de corrección para convertirse en una escuela de barbarie financiada por la corrupción.

​No estamos ante un hecho aislado, sino frente a la radiografía de un contubernio que avergüenza a la administración pública: un lugar donde la vida tiene precio, el castigo es un negocio y los derechos humanos son apenas una nota al pie en el manual de los carceleros.

​La complicidad jerárquica: No hables solo de los guardias.

En la cárcel ndenEl Seibo parecemestar sucediendo que el Estado entregó las llaves a la barbarie»

Allí opera un sistema de castas donde la autoridad ha abdicado.

​»¿Qué sucede cuando el Estado deja de ser el guardián de la ley para convertirse en el cómplice del verdugo?»

​El fenómeno del «Probó»:
Cómo la figura de alguien como «Yeri» no es un accidente, sino una falla estructural.

Cuando la administración es corrupta, el liderazgo criminal llena el vacío.

​En la cárcel de El Seibo opera la economía de la extorsión, pues el dinero mueve el engranaje.

Si es cierto lo que denuncia el vocero de los Derechos Humanos, Edgar Núñez de que el alcaide y los guardias cobran, entonces no son empleados públicos, son empresarios del crimen que lucran con la privación de libertad.

​Derechos Humanos bajo fuego: Denuncia que el intento de asesinato y la tortura no son «gajes del oficio», sino violaciones graves que desacreditan a toda la administración penitenciaria nacional.

​¿Por qué este tipo de situaciones persisten?
​¿Qué falla en la supervisión de la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales?
​La corrupción en una cárcel provincial es el reflejo de una cultura institucional que se ha acostumbrado a mirar hacia otro lado.

​Exigimos una investigación independiente (no interna), que inicie en lo inmediato con una intervención inmediata y la destitución de los responsables.

​»Una cárcel donde se tortura no corrige a nadie; solo garantiza que, cuando el recluso salga, la sociedad tendrá a un individuo más roto, más violento y más resentido que cuando entró».

​ «El sistema permite, encubre, fomenta y se beneficia de…».

​El costo humano: La tortura y el abuso no solo destruyen al individuo que los sufre, sino que crean un caldo de cultivo para una delincuencia mucho más violenta una vez que estos reclusos recuperan su libertad.

El Imperio tras las Rejas: La Ley de Yeri en la Cárcel de El Seibo
​En el corazón de la provincia de El Seibo, las paredes de concreto de su centro penitenciario no guardan criminales bajo la disciplina de la ley, sino bajo el arbitrio de un solo hombre: Yeri.

Lo que debería ser un centro de corrección y rehabilitación se ha transformado, según denuncian los propios internos, en un feudo privado donde el sistema carcelario no solo colapsa, sino que se lucra del dolor ajeno.

​El Rey de la Mazmorra

​Yeri no es un funcionario, ni un agente penitenciario, ni un juez. Es un interno.

Sin embargo, en el escalafón jerárquico real de la prisión, está por encima de cualquiera.

Los videos que han circulado, cargados de angustia y desesperación por parte de otros reclusos, no dejan lugar a dudas: Yeri es quien decide quién come, quién duerme, quién vive en paz y quién recibe una paliza.

​Su poder no emana de la fuerza bruta, sino de un contubernio institucionalizado.

Los testimonios apuntan a una realidad perturbadora: el control no es un secuestro de la cárcel por parte de los presos, sino una delegación perversa por parte de las autoridades.

​Una Estructura de Corrupción Sistémica

​La denuncia es clara y aterradora: «Aquí todo el mundo está cogiendo dinero, desde el jefe hasta el que no es jefe».

La cárcel de El Seibo opera bajo una economía sumergida donde la libertad, la seguridad y la integridad física tienen un precio.

​El Alcaide y la Guardia: Se les señala no como vigilantes, sino como socios y protectores de Yeri.

La omisión deliberada ante los abusos, las torturas y los intentos de asesinato sugiere que la cadena de mando ha sido reemplazada por una cadena de favores y sobornos.

​La Extorsión como Norma: El «derecho a vivir» dentro del recinto se paga.

Aquellos que no pueden sufragar las cuotas impuestas por el «Probó» (como se le conoce en la jerga carcelaria a este líder de facto) son sometidos a castigos físicos brutales, humillaciones y el aislamiento dentro de su propio grupo.

​La Violación de Derechos Humanos: La cárcel se ha convertido en un escenario donde los derechos humanos han sido suspendidos.

Los relatos hablan de intentos de asesinato consentidos por la administración, donde los reclusos «favoritos» ejecutan la voluntad de los encargados contra quienes se atreven a disentir.

​La situación en El Seibo no es un hecho aislado, sino un síntoma de una enfermedad profunda en el sistema penitenciario.

La corrupción se filtra a través de los muros y corroe la ética de los encargados de la custodia.

Cuando los directores de los centros, llamados a ser garantes de la seguridad, deciden cerrar los ojos —o abrir las manos para recibir dinero—, convierten el recinto en un lugar sin ley donde solo sobrevive quien se arrodilla ante el «jefe» del momento.

​La pregunta que queda flotando, más allá de la indignación que provocan estos videos, es cuándo las autoridades superiores intervendrán para desmantelar esta red de impunidad.

Mientras tanto, en El Seibo, el «imperio» de Yeri sigue creciendo, financiado por el miedo y blindado por la misma autoridad que juró proteger la integridad de los internos.

​¿Quién responde por las víctimas de este sistema de extorsión en la cárcel de El Seibo?

Exigimos una intervención directa de la Dirección General de Servicios Penitenciarios antes de que la sangre corra más allá de las paredes de esa cárcel.

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