Por Manuel Antonio Vega
El paraje La Toma, en el distrito municipal de Mata Palacio, se tiñó de luto la tarde de este lunes.
Entre el susurro de los cañaverales y el peso de los años, se despidió don Joaquín Ramírez Severino, a quien todos, por afecto y costumbre, llamaban simplemente «Máximo».
A sus 83 años, Máximo cerró los ojos tras una larga batalla contra quebrantos de salud que lo venían aquejando desde hacía tiempo.
Su partida marca el final de una generación de hombres recios, forjados en el trabajo duro del campo.
Un hombre de dos tierras
Aunque sus raíces estaban profundamente hundidas en la tierra de La Toma, donde nació, la vida de Máximo estuvo marcada por su paso por el batey Altagracia, en la sección Don López de Hato Mayor.
Allí no fue un residente más; durante muchos años ejerció con autoridad y respeto el rol de mayordomo, convirtiéndose en una figura clave para la comunidad laboral y social de la zona.
Hoy, el silencio reina en la casa de uno de sus hijos, donde sus restos están siendo velados entre anécdotas de su época en el batey y el aroma del café compartido.
Sus vecinos lo describen como un hombre de temple, que supo ganarse el respeto tanto en la llanura de Mata Palacio como en las alturas de Don López.
El velatorio será en la residencia de su hijo en el paraje La Toma.
Entierro: Este martes a las 2:00 p. m.
Con su partida, La Toma pierde a un hijo nativo, pero recupera sus restos para el descanso eterno en la misma tierra que lo vio nacer. Paz a su alma.







