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Por veinte mil pesos silenciaron la vida a Lisandro

Fecha:

​Por Manuel Antonio Vega

​La tensión cotidiana de las deudas y el calor del sector La Otra Banda, en Santiago, se conjugaron la tarde de ayer jueves en un escenario de sangre y luto. Lo que debió ser una transacción económica más en la informalidad de los barrios dominicanos, terminó con la vida de Lisandro, un joven de apenas 23 años, cuyo futuro quedó truncado por el impacto de una bala.

​El detonante de la tragedia tiene una cifra exacta: veinte mil pesos. Esa era la cantidad que el cobrador, un hombre conocido en la zona como Ramón —quien además de prestar dinero se gana la vida vendiendo batatas en las inmediaciones del Hospedaje Yaque—, fue a reclamar.

​Quienes conocen la dinámica de estos cobros saben que la insistencia suele rozar el límite de la paciencia, pero nadie en el vecindario previó el desenlace, pues según los informes preliminares recopilados en el lugar, Ramón llegó con la firme intención de recibir el pago. Sin embargo, las palabras pronto sustituyeron a los números; los reclamos se transformaron en insultos y la discusión escaló en cuestión de segundos a un punto sin retorno.

​En medio del altercado, la desesperación o la ira cegaron a Lisandro. El joven deudor, en un intento por repeler la presión del cobrador, tomó un objeto con la intención de agredirlo físicamente.
​La respuesta de Ramón fue inmediata, desproporcionada y letal: metió la mano al cinto, extrajo un arma de fuego y jaló el gatillo.

El estallido del disparo rompió la rutina del sector y dejó a Lisandro herido de gravedad sobre el pavimento.

​El caos se apoderó de La Otra Banda. Entre gritos de auxilio y la mirada atónita de los testigos, varios vecinos se solidarizaron para levantar el cuerpo herido del joven. En un intento desesperado por salvarle la vida, fue trasladado de urgencia a un centro hospitalario cercano.

​Sin embargo, el esfuerzo fue en vano. Mientras el cuerpo médico luchaba en la sala de emergencias por estabilizarlo, los signos vitales de Lisandro se apagaron. La gravedad del impacto fue interna y fulminante.

​Tras el disparo, el panorama cambió por completo. La Otra Banda pasó del bullicio al silencio de la conmoción.

Ahora, las autoridades competentes se encuentran al frente del caso, desplegando las investigaciones de lugar para esclarecer minuciosamente cómo se desarrollaron los hechos y determinar de manera oficial las responsabilidades legales de Ramón, quien pasó de ser un conocido vendedor de batatas a un prófugo o detenido por homicidio.

​Este hecho vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de la vida ante la falta de mediación pacífica de conflictos y el peligro latente de las armas de fuego en las calles.

Ahora tenemos a un joven muerto, una familia destrozada y una deuda que se pagó con el precio más alto imaginable.

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