spot_img

Ha muerto «El Príncipe de las Corbatas»

Fecha:

​Por Manuel Antonio Vega

​El sector de El Vergel, ese laberinto de calles que late al ritmo del corazón de la capital, amaneció este lunes envuelto en un silencio impropio.

No es el silencio de la calma, sino el del respeto; ese que surge cuando una voz familiar se apaga para siempre.

En la intimidad de su hogar, lejos de los focos que durante décadas iluminaron su figura, Carlos Batista Matos cerró su última edición a los 75 años de edad.

​Con él no solo se va un periodista; se retira una forma de entender la etiqueta, el respeto por el televidente y la elegancia como una armadura profesional.

​De la salitre de Barahona al almidón de la capital

​La historia de Carlos comenzó lejos del glamour de los estudios de televisión.

Nació el 30 de diciembre de 1950 en Vicente Noble, Barahona, bajo ese sol del sur que curte el carácter.

Pero su destino estaba en la palabra.

Su ascenso no fue obra del azar, sino de un tránsito disciplinado por las cabinas de radio, donde aprendió que la voz es el primer vestuario de un comunicador.

​Sin embargo, fue en la tinta donde Carlos empezó a esculpir su leyenda.

Como editor de la revista La Tarde Alegre y de la sección de espectáculos del vespertino Última Hora, Batista Matos no se limitaba a reseñar eventos; él construía íconos.

Tenía el olfato del cronista de vieja escuela, aquel que sabía que detrás de cada artista había una historia humana que merecía ser contada con rigor.

​«Con los Famosos»: Una cátedra de estilo

​En 1998, la pantalla de Color Visión se iluminó con una propuesta que cambiaría la crónica social en el país: «Con los Famosos».

Allí, Carlos se convirtió en el anfitrión de la República.

​La Corbata como Símbolo: Nunca fue un accesorio caprichoso. El nudo perfecto, siempre impecable, era su declaración de principios.

Para Carlos, presentarse ante el público sin corbata era como entrar a una iglesia sin fe.

​La Disciplina del Trabajo: Hasta el último suspiro, el compromiso fue su norte.

Apenas el viernes pasado entregó su programa, trabajando con la entereza de quien sabe que el telón está por caer, pero decide actuar hasta el último acto.

​Su labor fue más allá de la entrevista fugaz. A través de la Fundación Bulevar de las Estrellas, se empeñó en que el talento dominicano no fuera devorado por el olvido, dejando huellas tangibles en el asfalto de la ciudad para honrar a los grandes del arte y la cultura.

​El encuentro en la redacción de 1992
​Guardo en la memoria el eco de los pasillos de Última Hora por allá por el año 1992. Yo, apenas un corresponsal de la zona Este con los bolsillos cargados de historias de provincia, caminaba por esa redacción vibrante.

Allí estaba él, dirigiendo con garbo la revista social, moviéndose con esa seguridad de quien conoce el peso de cada adjetivo.

​Carlos era el mismo fuera y dentro de la página: un hombre de trato fino, un estudioso del merengue que entendía nuestra identidad sonora como pocos, y un diplomático que llevó nuestra esencia a la Cancillería en 2005.

​Un silencio de seda

​Hoy, el periodismo de arte en la República Dominicana se siente un poco más huérfano.

Se apaga la sonrisa que sabía equilibrar la primicia con el respeto, y el análisis con la elegancia.

Se va el hombre, pero queda el estilo; queda ese recuerdo de una televisión que se vestía de gala para recibir al espectador.

​Los detalles de sus honras fúnebres están pendientes, pero el cielo de la comunicación dominicana ya tiene una nueva estrella, seguramente, luciendo la corbata más elegante y cara de todas.

spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Compartir esta publicación:

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

Popular

Más como esto
Relacionado

El arroz en el fango Vs el silencio del Estado

Por Manuel Antonio Vega ​La naturaleza no negocia con nadie,...

Desbordamiento del río Magua sepulta plantaciones de arroz en Sabana de la Mar

Por Manuel Antonio Vega SABANA DE LA MAR, HATO MAYOR...

El Ocaso de «Panto»: Cuando el camino torcido toca fondo

Por Manuel Antonio Vega ​En los callejones del sector Ondina,...