Por Manuel Antonio Vega
El pasado 7 de abril, la tranquilidad de la comunidad de Don López se quebró, cuando los alias «Chiquito» y «Chacho», atracaron a un alcalde pedáneo para robarle su arma.
Ese martes lo parecía una jornada habitual de trabajo terminó convertida en el escenario de un asalto que dejó tras de sí no solo pérdidas materiales, sino esa amarga sensación de inseguridad que suele rondar los caminos rurales tras un atraco.
Sin embargo, el silencio de los responsables no iba a durar mucho.
Tras días de seguimiento y análisis de campo, los agentes del Departamento de Investigaciones Criminales (DICRIM) lograron armar el rompecabezas.
No eran rostros desconocidos para el radar policial; las pistas conducían directamente a dos nombres que ya empezaban a sonar con fuerza en los corrillos de la investigación: Jarol Wilson Mercedes, conocido en el bajo mundo como “Chiquito” o “Amarlingy”, y Juan Manuel Frías Santana, apodado “Chacho”.
La captura no fue cuestión de azar. Fue el resultado de una operatividad técnica que buscaba sacar de las calles a quienes, presuntamente, habían empuñado el acero contra ciudadanos de trabajo.
Durante el operativo, el DICRIM no solo logró las detenciones, sino que dio con el «nervio» del delito: el armamento.
En manos de las autoridades terminaron una pistola de calibre aún por especificar,
un revólver, la clásica herramienta de intimidación.
Ambas piezas, según los informes preliminares, habrían sido las protagonistas silenciosas del hecho delictivo en la sección Don López.
Con el arma recuperada, la narrativa de la defensa se vuelve mucho más estrecha.
Los cacos ya duermen tras los barrotes preventivos del cuartel general de la 49ta. Compañía de la Policía Nacional, que comanda el aguerrido Coronel Abreu Beliar, quien tiene un combate frontal con la delincuencia, los pucheros y el microtráfico.
En las próximas horas, «Chiquito» y «Chacho» cambiarán el asfalto de Hato Mayor por los pasillos del Ministerio Público, donde un juez determinará si las pruebas son suficientes para una medida de coerción.
Mientras tanto, en Hato Mayor, las investigaciones no se detienen, pues la policía busca confirmar si este dúo tiene cuentas pendientes con otros incidentes recientes en la zona este.
Por ahora, la sección Don López, una zona cañera y ganadera respira un poco más tranquilo, sabiendo que dos armas menos circulan por sus senderos y que dos antisociales ya fueron identificados por el asalto al alcalde de aquella demarcación.






