Madre es madre, lo demás es…

Fecha:

Buenas

VISIÓN PROPIA/RICARDO VEGA

Madre es madre, lo demás es…

Dios las utiliza para a través de ellas beneficiarnos con la vida.

Nos cuidan, nos protegen, nos quieren más que a nadie, nos brindan todo su cariño y amor incondicional.

Son el pañuelo absorbente que cubre el hombro donde desahogamos lágrimas, penas y preocupaciones. Hombros que soportan y resisten sin descanso por nuestro bienestar y felicidad.

Motor y refugio para la crianza, ofreciendo sus primeros saberes, hábitos y la certeza de ser queridos.

Principales defensoras y motivadoras para superar obstáculos, desde la infancia hasta la adultez.

De instinto superior a cualquier otro semejante.

Cuando somos pequeños vemos en ella una heroína que todo lo puede, que con su fuerza nos protege y que con su sabiduría nos guía. Pero a medida que vamos creciendo nos vamos dando cuenta que no sólo todo lo pueden sino que además, son capaces de iluminar nuestro tránsito por la vida.

Goza, sufre, empatiza con nosotros. Pero sus lágrimas son de fuerza y pureza, valentía y coraje. Unas lágrimas que deben ser consoladas con la reciprocidad del amor.

Poseen un amplio arsenal de sabios conocimientos, sin necesidad de tener una carrera ni de haber estudiado maestría alguna.

Saben cómo llevarnos a la felicidad en el momento más oscuro y cómo reconfortarnos en los momentos más complicados.

De niños sus lágrimas no las entendemos y de adultos nos preocupan, porque sabemos que en un tiempo ellas lo eran todo para nosotros, pero ahora comprendemos que somos nosotros quienes formamos su mundo alrededor de su centro universal.

Queda claro que lo son todo y, por eso, su día es una fecha perfecta para reflexionar acerca de su valor. Para pensar no solo en el gran espacio que ocupan en nuestras vidas, sino en el papel que desempeñan en el ceno de la sociedad. Y aún más importante, para darles el reconocimiento que ellas merecen.

Más que una pieza del calendario que discurre, el día dedicado a las madres es una oportunidad propicia para devolver comprensión y gratitud. Para reciprocrar esa vida que nos viabilizaron.

Es que como escribió Bárbara Kingsolver: La fuerza de una madre es más grande que las leyes de la naturaleza.

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