Las divisiones partidarias

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Por Manuel Antonio Vega

Los divorcios en la vida humana dejan secuelas de dolor y un drama difícil de recomponer; de igual forma, las divisiones en los partidos políticos del sistema dominicano pueden procrastinar, retrasar o posponer las tareas o metas propuestas para un corto período. Las divisiones son dolorosas y dejan, además, una crisis insostenible y difícil de zanjar, reflejando resquemores en cada proceso electoral donde algunos partidos del sistema, incluso, pasan a ser bisagras del partido en el poder.

Las divisiones más sonoras registradas en las fuerzas políticas nacionales son las ocurridas en 1973 en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), que hizo que el profesor Juan Bosch sacara tienda aparte y formara el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), y la ocurrida en el 2019 en el propio PLD, cuando el expresidente de la República, Leonel Fernández Reyna, abandonó la organización y fundó el partido Fuerza del Pueblo.

Generalmente, las divisiones en los partidos vienen dadas por las luchas de intereses que se contraponen por tener el control de las organizaciones, creando en muchos de los casos un alejamiento de la posibilidad de arrimarse al poder.

El orgullo y el interés por medir músculos dentro de las organizaciones son las principales causales de las fracturas que, más temprano que tarde, alejan la aspiración de acceder al poder para, desde allí, poner en ejecución planes de desarrollo para la nación.

Hoy en día es más fácil una división en los partidos que un divorcio familiar. Y lo es por la fuerza de los intereses que se mueven en las organizaciones.

El PRM y el PLD a las puertas de las divisiones

Las ganas de alcanzar las candidaturas presidencial y senatoriales tienen al doblar de la esquina confrontaciones internas en los partidos PLD y PRM.

Abinader, para los que tienen más visión, observan que inclina su participación en apoyar al ministro de Turismo, David Collado, para que sea el candidato presidencial en las venideras elecciones pautadas para mayo del 2028.

Esa aparente inclinación del jefe de Estado ha despertado curiosidad en los oídos del proyecto del expresidente Hipólito Mejía, quien aúpa a su hija, Carolina Mejía, alcaldesa de Santo Domingo, para que sea la candidata presidencial del partido oficial en el próximo certamen electoral.

Allí, en el PRM, se vive una lucha sin cuartel y peligrosa que, de sostenerse el ritmo, pudiera dejar sin el control de la «silla de alfileres» a esa novel y exitosa fuerza política del sistema de partidos en la República Dominicana.

Mientras tanto, en el PLD, las quejas y denuncias abiertas al escenario público por precandidatos a la presidencia que participarán en la convención interna pautada para el mes de octubre dan a entender que la cama de esa fuerza opositora está desarreglada y que da brega cubrirla con una colcha de paz interna.

Allí las cosas van por canales diferentes, como en un panal de termitas o comején.

Es sabido por la generalidad del pueblo dominicano que el expresidente de la República, Danilo Medina, apoya abierta y decididamente a Gonzalo Castillo, no solamente para que gane la consulta interna, sino para que desde ya sea el candidato presidencial de esa fuerza política en las elecciones del 2028.

Francisco Javier García, la contraparte interna, ha advertido sobre un aparente sabotaje y un posible fraude que, especialmente a él, pudiera afectarle en la próxima consulta interna.

La división parece tácita por sus denuncias, las cuales colocan a la organización en una situación dramática y de apuro.

Esta ruptura se divisa a leguas, lo que podría llevar al PLD a alcanzar una participación de bisagra en el próximo proceso electoral.

Danilo fue el causante de la salida de Leonel del PLD, precisamente por apoyar a Gonzalo Castillo, quien a la vista es la manzana de la discordia otra vez.

Según Francisco Javier García, los dirigentes que aúpan a Gonzalo Castillo habrían maniobrado para excluir a 523 miembros de la organización para que no ejerzan el voto en la contienda interna. García ha señalado directamente a Mariotti, Navarro y Tommy Galán de excluir miembros del padrón electoral, lo que crea sonidos estridentes de división interna que se acentúan a medida que se acerca la convención.

Esto deja sabores amargos que pueden frustrar los avances alcanzados en el PLD después de la división de 2019.

El avispero está dado tanto en el PRM como en el PLD, dos fuerzas políticas antagónicas que en el 2024 se «ayudaron» para no dejar pasar a Leonel Fernández, visto por Danilo Medina como un enemigo político de primera línea.

Divisiones anteriores en el PRSC y el PRD

Las divisiones en los partidos se arrastran desde el pasado siglo XX, dejando resquemores que no sanan ni con cebo de Flandes.

Los desprendimientos políticos más acentuados e importantes en el país se han sucedido al interior del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), cuyas mutaciones han dado nacimiento a otras fuerzas políticas que hoy gravitan en la órbita electoral del país.

Las divisiones en el PRD han sido las más agudas, recordándose la salida del profesor Juan Bosch en 1973, tras enfrentarse por aspectos ideológicos con José Francisco Peña Gómez, fundando así el PLD. Del PRD también se separó Jacobo Majluta (1990) tras entrar en disputas por la candidatura presidencial; al irse, fundó el Partido Revolucionario
Independiente (PRI).

En el presente siglo, el PRD sufrió otra crisis que provocó un rompimiento y llevó al nacimiento del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Dicha crisis se presentó entre Miguel Vargas Maldonado, Luis Abinader Corona y el expresidente Hipólito Mejía.

Por otro lado, la crisis más acentuada en el PLD fue la salida de Leonel Fernández, quien fundó la Fuerza del Pueblo, organización que actualmente está posicionada entre las favoritas para las elecciones del 2028.

En 2019, Fernández acusó a Danilo Medina de utilizar un algoritmo para favorecer a Gonzalo Castillo en la contienda interna.

En el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), a raíz de la muerte de su líder Joaquín Balaguer, se produjeron dispersiones que provocaron la salida de importantes figuras, lo que redujo al mínimo la presencia de la organización fundada por su caudillo.

Estas dispersiones convirtieron al PRSC en un partido bisagra y dependiente, que tiene que buscar alianzas para mantener su personería jurídica ante la Junta Central Electoral, organismo comicial del país.

En síntesis, las lecciones que dejan las divisiones políticas deben servir de enseñanza para madurar y saber que estar dispersos es aislarse o dilatarse de los objetivos para los cuales se fundaron estas organizaciones.

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