Por Manuel Antonio Vega
Parece ser que el presidente Luis Abinader terminará enterrando al Partido Revolucionario Moderno (PRM) del mismo modo en que el Dr. Joaquín Balaguer sepultó en su momento al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC). La historia política dominicana es ciega cuando los egos y las ambiciones de poder sobrepasan la madurez institucional, y los vientos que hoy soplan en la organización oficialista presagian una tormenta de dimensiones bíblicas.
El detonante de esta nueva grieta interna ha sido fulminante.
Las desaforadas declaraciones del Cónsul General de la República Dominicana en Nueva York y miembro de la dirección política del PRM, Jesús “Chú” Vásquez Martínez, han encendido la pradera política de cara a los comicios del 2028.
Sin paños tibios, el exsecretario general y fundador de la entidad oficialista afirmó enfáticamente que el actual ministro de Turismo, David Collado, no es un verdadero dirigente del PRM ni ha realizado vida ni labores orgánicas dentro de sus estructuras partidarias.
Durante su intervención en el programa radial El Zol de la Mañana, Vásquez Martínez procuró marcar una línea divisoria tajante.
Aunque admitió mantener lazos de afecto en lo personal con Collado, en el plano estrictamente político fue despiadado: «Él no es un dirigente del partido PRM, él no ha hecho vida política en el PRM», aseveró.
Para Chú Vásquez, los cargos que ha ocupado el hoy titular de Turismo han sido producto de procesos de elección popular y no del sudor o del trabajo político en las bases.
Con tono desafiante llegó a preguntar a la audiencia si alguien recordaba una sola tarea partidaria asumida por Collado en la historia de la organización.
Esta embestida no es fortuita ni aislada; responde a una estrategia de delimitación ideológica y territorial.
El propio Chú Vásquez no tardó en definir quiénes llevan verdaderamente la impronta del partido, afirmando que «quien tiene ADN del PRM es Carolina Mejía», así como todos aquellos que salieron a construir la organización desde sus cimientos.
De este modo, la dirigencia tradicional cierra filas en torno a la alcaldesa del Distrito Nacional y exsecretaria general del partido, destacando su capacidad gerencial y su estrecha vinculación con la dirigencia nacional, mientras proclama que ha llegado la hora de que una mujer asuma la Presidencia de la República.
La propia Carolina Mejía ha dejado clara su postura frente a las proyecciones externas, advirtiendo que «hay personas que se sienten bien ganando encuestas. Yo seré presidenta».
Frente a las encuestas de opinión pública que posicionan favorablemente a David Collado e incluso frente a análisis de figuras como Luisín Jiménez, que auguran un triunfo de Collado en 2028 y de Omar Fernández en 2032, la vieja guardia del PRM responde con escepticismo e ironía.
Vásquez Martínez descalificó tajantemente esos estudios señalando que existe «un libro de ganadores de encuestas y perdedores de convenciones», recordando además que el PRM aún no cuenta con un padrón de militantes definitivo con el cual medir verdaderamente la fuerza interna.
Sin embargo, el fondo del problema trasciende la simple disputa entre David Collado y Carolina Mejía.
Lo que verdaderamente está en juego es la supervivencia del PRM como proyecto político unificado.
Cuando las cúpulas comienzan a desconocer la legitimidad de sus figuras más populares y a dividirse entre los de «sangre azul partidaria» y los «externos», el fantasma de la fractura reaparece con fuerza.
El viejo PRD cayó precisamente víctima de sus pugnas intestinas y de la incapacidad de sus líderes para dirimir aspiraciones de forma madura. Hoy es visagra en casa ajena.
Si el liderazgo que encabeza Luis Abinader no interviene con sabiduría para encauzar este debate y unificar a sus facciones, el PRM corre el riesgo de repetir el trágico destino del PRSC: convertirse en una maquinaria desgastada por las rencillas internas, incapaz de retener el poder.
La mecha ya está encendida, el fuego avanza rápidamente entre la base y la dirigencia, y si la prudencia no se impone a tiempo, la batalla interna que se avecina en el PRM definitivamente no tendrá madre.







