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Coyoja: El Rey de la suerte en Hato Mayor (1935-2025)

Fecha:

​En la República Dominicana, el nombre Nelson Monegro es común. Pero en Hato Mayor, el alias de «Coyoja» pertenece a un solo hombre: el hijo de Virginia Monegro y el chófer Neno de la Cruz.

Nacido en la populosa barriada de Villa Canto, Coyoja es el mayor y único sobreviviente de aquel matrimonio.

​Su formación escolar fue breve, apenas un 5to curso de primaria en la histórica escuela Bernardo Pichardo, donde aún recuerda la figura de su profesor Rogelio Peguero, famoso por enseñar con una regla en la mano derecha, presto a someter a los estudiantes desobedientes.

​Del Limpiabotas al «Empresario de Banca»

​La vida de Coyoja comenzó con el esfuerzo más humilde, pues antes de convertirse en el «empresario de banca» más exitoso de Hato Mayor, se ganó la vida limpiando zapatos.

Una labor que llegó a realizar cuando la paga era de tres centavos, tiempo en que cogía fiao un pan de maíz y un vaso de leche a Don Manuel Rosario, en la Esquina caliente, hasta que lustrara el primer par de zapatos.

Entre sus clientes de antaño figuran nombres respetables como Antonio Nova y Augusto Betancourt.

​Fue una vida difícil que lo obligó después a tomar una carretilla para vender plátanos por las calles de Villa Canto.

Pero la suerte, o más bien, su olfato para el riesgo, lo llevaría a su tercer y definitivo trabajo: ser rifero.

​Inicialmente, pasaba los números a Alejandro Laureano, hasta que decidió sostener la banca por sí mismo.

Así, en la década de 1960 y hasta el 2010, se forjó la leyenda del «empresario de banca» más exitoso de la región.

​La Lucha Clandestina: Persecución y ascenso

​La época de Coyoja como rifero no fue fácil. Vender números era un delito perseguido tenazmente por las autoridades judiciales y policiales.

La persecución era una constante, un «asedio insoportable», que lo llevó en varias ocasiones a la cárcel pública de El Seibo.

​Cuenta que la persecución contra la gente de «las caraquitas» (lotería) era tan fuerte que hubieron personas que se llegó a tragar el papel de los números con tal de no ir a la mazmorra.

En una ocasión, a Pepé Fanía la policía la emboscó, y ella prefirió masticar y tragar la lista, como si fuera un trozo de plátano, para no ser encarcelada.

La multa era de RD$500.00, so pena de ir preso si no se pagaba.

​El negocio lo fue emancipando a pesar de las adversidades.

Coyoja llegó a operar más puestos de venta de lotería en el Siglo XX en Hato Mayor que nadie, expandiendo su imperio a Sabana de la Mar, El Valle, Miches, San Pedro de Macorís y El Seibo.

​Historias de suerte, piedad y sabiduría

​A los 15 años comenzó a rifar, y la gente hacía fila para jugar a la suerte entre 100 números, cuando solo existían la Lotería Nacional y La Caraquita.

Con el éxito, Coyoja invirtió y diversificó, llegando a ser propietario de cine, discoteca y bomba (gasolinera).

​Su bonhomía, esa cualidad humana que describe la bondad, sencillez, afabilidad y honradez en el carácter y comportamiento de una persona, sin embargo, se manifestó en momentos de éxito.

Recuerda a riferos como Millito Peguero, Rubén Trinidad, Temporal, Macusa y Negro, quienes perdieron sus casas por hipotecas firmadas con él. A pesar de que su abogado, Freddy Rincón, le insinuó que las propiedades ya eran suyas, Coyoja, en un golpe de buena racha, les devolvió los documentos hipotecados sin que tuvieran que pagar.

​Reflexiona sobre cómo el vicio puede consumir a la gente, recordando el caso de Antonio Nova,y su hijo Toñito, a quien le limpió zapatos, y luego le compró la casa que los juegos lo obligaron a vender: «Los juegos lo ahogaron.»

​De la juida a la renta, ahora Coyoja lleva una de un Pachá

​La vida de un rifero ha cambiado radicalmente, pues Coyoja lo resume así: «La vida del rifero ahora es cómoda, antes era huyendo por patios, llegando a ver mujeres en panties, volando patio, huyendo de la policía.»

​Él mismo cuenta las anécdotas de la persecución, pero hoy vive la vida de un «pachá».

Posee cinco puntos comerciales en avenida Duarte, lo que le permite vivir de las rentas.

Con picardía, celebra su estatus: «Oscar de la Renta se murió, y ahora yo vivo de la Renta.»

​A sus 90 años (cumplidos el 14 de octubre), Coyoja afirma que muchos riferos sucumbieron por gastar sus ganancias en los bares de San Pedro de Macorís, mientras él se quedaba en su lar nativo bebiendo su Vat 69.

​El Patriarca y el contrato con Dios

​En el ámbito personal, Coyoja asegura haber tenido solo tres mujeres, pero solo tuvo hijos con Fifa Candelario.

Aunque no conviven, siguen casados, y ella reside en Santo Domingo, viviendo de la renta de dos apartamentos que Monegro adquirió.

​Una famosa anécdota familiar ilustra su carácter.

Una mujer embarazada se presentó a la casa, y tras dar a luz, Fifa fue a conocer al supuesto hijo.

Su conclusión fue lapidaria: «Búscale un padre, ese no es de Coyoja, los de mi marido no son blancos y tienen el ripio largo.»

​Coyoja es un hombre agradecido con su destino. «Yo arreglé mi problema en la tierra, Dios me ha dado mi vida… tengo 90 años y voy a pedir una prórroga para llegar a 100 años,» expone con alborozo, cerrando su relato con un «contrato de 10 años con Dios».

​Nelson Monegro «Coyoja» encarna al hombre humilde que, con astucia, esfuerzo y un don de gentes inigualable, se convirtió en un consorcio de éxito.

Hoy, la Esquina Caliente de Hato Mayor no es nada sin su presencia.

Él imprime alegría, sabor humano popular, y es un personaje satisfecho que celebra la larga vida y la sabiduría que Dios le ha dado

¿Quiénes conocen a Coyoja?

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