Por Manuel Antonio Vega
HATO MAYOR.- Las festividades patronales en honor a la Virgen de las Mercedes en Hato Mayor del Rey se consolidan como uno de los espejos culturales más antiguos y resilientes de la República Dominicana, evolucionando desde ritos coloniales de 1750 hasta transformarse en un motor de identidad y dignidad comunitaria.
En una crónica detallada, el periodista e historiador Manuel Antonio Vega rescata la memoria colectiva de esta festividad, marcada por el sincretismo, la resistencia y la evolución social de su gente.
Lo que hoy se vive como una fiesta masiva tiene sus raíces en una compleja mezcla de tradición sagrada, imposición colonial y resistencia cultural que sobrevive al paso de los siglos.
El primer registro oficial de estas fiestas data de 1750, documentado por el arzobispo Monseñor Domingo Pantaleón Álvarez de Abréu en un reporte al rey de España. En sus inicios, la celebración coexistía entre los templos católicos y la mítica enramada de Media Chiva.
Allí se fusionaban:
El eco ancestral de los atabales africanos.
Juegos populares tradicionales como el palo encebao, las aparadas de huevos y las corridas de burros.
Sin embargo, la historia de esta devoción también carga con las sombras de la opresión de los terratenientes Francisco Dávila (1540-1554) y Gaspar Dávila (1554-1560).
Los esclavos, obligados a entronizar a la Virgen en sus barrancones, transformaron un símbolo de sumisión forzada en un estandarte de identidad y libertad a través del novenario que aún hoy se celebra.
1963: El año del giro antropocéntrico y el golpe político
El gran cambio en la estética de las patronales ocurrió en septiembre de 1963, cuando se introdujo la figura de la reina como representación de la belleza y dignidad del pueblo.
La primera soberana elegida por escrutinio fue la niña de nueve años, Iris Josefina Núñez Balbuena.
No obstante, ese mismo año la tradición sufrió una interrupción abrupta. El golpe de Estado contra el presidente Juan Bosch provocó una fractura social que apagó temporalmente los festejos, demostrando la vulnerabilidad de la cultura ante las crisis políticas.
Al restaurarse la paz, las patronales recobraron su esplendor.
Un reinado que desafía desastres y el olvido
A lo largo de las décadas, decenas de beldades han dejado su huella en la memoria del municipio, incluso la naturaleza marcó el ritmo de la historia en 1998, cuando el devastador huracán Georges impidió la coronación de Cesarina Núñez, destruyendo la tarima principal y los árboles del histórico parque municipal Mercedes de la Rocha.
A pesar de las crisis, la resiliencia del espíritu hatomayorense permitió retomar el ciclo al año siguiente.
Hoy en día, aquellas soberanas de épocas pasadas se han convertido en profesionales ejemplares dentro y fuera del país.
Gracias al registro de sus escritores y periodistas, Hato Mayor del Rey mantiene vivo su pasado, demostrando que conocer la propia historia es el único camino para salvaguardar la identidad de un pueblo frente al olvido.







