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Diógenes Pina: el periodista que convirtió la entrevista en un arte

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En la geografía humana de Hato Mayor nació un hombre que descubrió muy temprano que su destino estaba en el fascinante territorio de las palabras. Ese hombre tiene un nombre: Diógenes Pina, un periodista que ha dedicado más de tres décadas a escuchar, investigar y narrar la vida de los demás con la paciencia de un artesano y la sensibilidad de un cronista.

Su trayectoria comenzó en la prensa escrita, donde aprendió que una buena historia no nace solamente de las preguntas, sino también de la capacidad de escuchar.

Desde sus primeros pasos en el periódico El Espectador, que dirigía el periodista Miguel Santana Polanco en su pueblo, Hato Mayor del Rey, o en el desaparecido periódico El Siglo, pasando por Diario Libre, la revista Rumbo y el semanario Clave, fue construyendo una reputación basada en la rigurosidad, la investigación y el respeto por los hechos. Llegó incluso a desempeñarse como jefe de investigación y actualidad, convirtiéndose en una referencia para muchos comunicadores.

Pero el periodismo de Pina nunca se limitó a la noticia inmediata.

Mientras muchos perseguían el titular efímero, él buscaba la dimensión humana de los acontecimientos. Su pasión por la entrevista lo llevó a conversar con políticos, artistas, deportistas, intelectuales y líderes sociales, convencido de que detrás de cada personaje existe una historia digna de ser contada.

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Esa vocación cristalizó en su libro Sueños de Octubre: El arte de la entrevista, una recopilación de conversaciones profundas con figuras de la vida nacional e internacional. En esas páginas aparecen voces tan diversas como las de Johnny Ventura, Junot Díaz, Luis Abinader, Andrés Oppenheimer y Miguel Solano.

Quienes conocen su trabajo destacan una cualidad poco común: su capacidad para retratar al entrevistado más allá de las respuestas.

Pina no se conforma con registrar declaraciones; busca captar gestos, silencios, contradicciones y matices.

Por eso sus entrevistas suelen leerse como pequeñas biografías condensadas, donde el personaje aparece ante el lector con toda su complejidad humana.

Su vocación de cronista quedó nuevamente demostrada con su reciente libro: Jet Set, La Fiesta Mortal, una obra dedicada a reconstruir una de las tragedias más dolorosas de la historia dominicana.

En ese libro, el periodista Pina no se limita a enumerar víctimas y cifras, sino que rescata testimonios, emociones y memorias, convirtiendo el dolor colectivo en un documento para la historia nacional.

En televisión también ha dejado su huella, participando en espacios informativos de gran prestigio como noticiassin.com y los equipos de investigación de programas periodísticos de referencia nacional. Su carrera ha estado marcada por una constante: la búsqueda de la verdad mediante el trabajo serio y documentado.

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Quizás la mayor virtud de Diógenes Pina sea haber comprendido que el periodismo es, ante todo, un ejercicio de memoria.

Mientras la actualidad corre veloz y las noticias envejecen en cuestión de horas, él ha procurado conservar las voces, los testimonios y las experiencias que ayudan a entender una época.

En tiempos de inmediatez y superficialidad, su obra reivindica el valor de la entrevista profunda, de la investigación paciente y de la crónica bien escrita.

Por eso, al hablar de Diógenes Pina, no se habla solamente de un periodista. Se habla de un observador de la condición humana, de un narrador de realidades y de un escritor que ha convertido la conversación en literatura y la memoria en patrimonio colectivo.

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