Por Manuel Antonio Vega
La región Este puede decir a todo pulmón que basa su economía en la explotación turística, la ganadería y la producción agrícola consistente en caña de azúcar, cítricos, cocotero, cacao y café, pero contando muy poco con el Estado dominicano, que solo habla de la bonanza en el turismo, un sector donde el sector privado tiene principalía en las inversiones.
Pero la región Este, desde hace un buen tiempo, viene gritando a todo pulmón por la construcción de una presa para recoger las aguas que se pierden camino al mar Caribe por falta de una infraestructura hidráulica que regule y enfrente la escasez de agua que afecta a los pueblos esteños, sobre todo en tiempo de sequía. La región Este no cuenta con un embalse de agua, por lo que la falta de presas para almacenar el agua de las lluvias agudiza el impacto de la sequía de manera cíclica.
Es una verdad que no necesita demostración, dado que la mayor cantidad de agua que cae en todos los pueblos del Este dominicano se pierde por las escorrentías que van al mar, la infiltración y la condensación.
Hay que recordárselo al gobierno que encabeza Luis Abinader: en el Este no tenemos un reservorio donde preservar y almacenar el agua que demandamos para regadío, producción de energía y consumo humano.
Las provincias orientales como Hato Mayor, Monte Plata, El Seibo, Higüey, La Romana y San Pedro de Macorís producen agua en demasía que se pierde camino al mar, sin que se piense en detenerla para mitigar la escasez del preciado líquido en la zona de más empuje de la «industria sin chimenea» (el turismo) y la producción del «palo dulce» (la caña), cítricos, cacao, café, palma africana y cocotero. El Este, a pesar de sus riquezas hídricas, es pobre en la concentración de agua por falta de una presa que, además, produzca energía eléctrica para cubrir el déficit energético de la zona y parte de la región oriental de Santo Domingo.
No hay una sola presa, teniendo grandes ríos de los que no se aprovecha su gran caudal para construir embalses de gran tamaño dedicados a la preservación del agua.
Es sabido que los ríos de importancia de la región Este tienen un curso de norte a sur y desembocan en el mar Caribe; algunos de ellos son el Higuamo, Casuí, Yuma, Chavón, Soco, Cumayasa, Sanate y otros que desembocan en los ríos primarios, cuyas aguas se van al mar Caribe sin ser aprovechadas para el beneficio de la región y sus habitantes.
En tiempo de sequía, los ganaderos ven cómo mueren por inanición sus reses en los potreros por falta de pasto y agua.
Hay que recordarle al gobierno que hay una población humana de 1.2 millones en siete provincias, incluyendo Santo Domingo Este, distribuidas en 29 municipios: El Seibo con 87,680 habitantes; Hato Mayor con 101,017; La Altagracia con 273,210; La Romana con 245,433; Monte Plata con 185,956 y San Pedro de Macorís con 290,458.
Todas estas ciudades y sus municipios presentan carencia del preciado líquido.
Una presa que utilice las aguas de estas provincias aportaría a la generación de electricidad para toda esta zona, engrosaría la red energética nacional y favorecería también, de manera potencial, a la industria ganadera y agrícola.
Es bueno significar que la República Dominicana solo dispone del 14 por ciento del territorio regulado por presas de almacenamiento; es decir, que en el 86 por ciento del territorio, las aguas que caen se van al mar y se pierden.
El agua que va al mar no se utiliza porque el país no dispone de un sistema para desalinizar el agua marina, como en otros lugares de la Tierra.
Hay ciudades en el Este que, a pesar de contar con excelentes escorrentías, como San Rafael de Yuma, El Seibo, Hato Mayor y La Romana, sufren los rigores extremos de la falta de agua debido a que los sistemas de toma de agua son en parte sumergibles; en tiempo de sequía confrontan problemas de bombeo porque el nivel freático desciende con la desaparición del agua en los pozos.
Los habitantes del Este urgen y necesitan al menos una gran presa de almacenamiento de agua, ya que la totalidad de las 40 presas del país se distribuyen en otras cuencas hidrográficas (como Yaque del Norte, Yuna, Ozama-Nizao y Yaque del Sur).
La presa que exigimos que sea construida pudiera bien estar sobre el cauce del río Soco, lo que permitiría impulsar la producción agropecuaria en provincias como San Pedro de Macorís, Hato Mayor y El Seibo, con una capacidad superior a los 120 millones de metros cúbicos de agua.
Si es posible, se puede levantar otra sobre el cauce del río Chavón, que abastecería de agua potable y prevendría sequías en los polos turísticos de Higüey, La Romana, Bayahíbe y zonas aledañas, además de contar con potencial de generación hidroeléctrica.
¿Pedir prestado?
Se sobreentiende que es una obra de altos costos y que se llevaría un presupuesto superior a los cientos de millones de pesos.
Este gobierno ha tomado prestado para cosas de menor valor e importancia que una presa, por lo que consideramos que el Congreso Nacional debe legislar para hacer ley un proyecto de presa utilizando los afluentes de mayores caudales y escorrentías en el Este.
Sino que se escoja el dinero de los aportes del Producto Interno Bruto (PIB), que genera el turismo y las exportaciones de producción de cala, cacao, cítrico, palma africana, cocotero, café que se produce en la zona, cuyos beneficios caen en las arcas estatales.
Sabemos que se han hecho estudios de factibilidad; lo que hace falta es que se aprueben y que el Estado ejecute esta vital obra para el desarrollo económico y social de las poblaciones esteñas.
El grito está tomando cuerpo. Pedimos a los senadores y diputados que alcen su voz y se nucleen para llevar una propuesta que no genere oposición, sino que sume voluntades que muevan al interés nacional, y que el gobierno anuncie la obra que cambiará el curso económico de la región Este.
Los legisladores de la región tienen la gran oportunidad del siglo XXI, casarse con la gloria, logrando se construyan presas en esta turística, productiva y católica región.
Tenemos que levantarnos, caminar y marchar hasta ver coronar un reclamo que no debe ser objeto de protagonismo, sino de unidad para vencer; para ganar una presa.







