El Mayorazgo de Dávila y el desarrollo urbano de Hato Mayor del Rey se produce en medio de la dinámica comercial y el desarrollo pecuario.
Por Manuel Antonio Vega
La vasta extensión de terreno donde se erigió el pueblo de Hato Mayor del Rey perteneció, desde la llegada de los españoles a la isla La Hispaniola, al Mayorazgo de Dávila, fundado por Francisco Dávila allá por 1520. Eran tierras dedicadas desde siempre al pastoreo de animales y al cultivo agrícola. Es así como las tierras de otros hatos, como las del Hato de la Pringamosa y Hato Nuevo, llegaron a formar parte del extenso y fortalecido Mayorazgo de Dávila, instituido en la ciudad de Santo Domingo por el regidor don Francisco Dávila en la persona de su sobrino Gaspar Dávila, hijo de su hermana Ana de Dávila, mujer de Hernando de Gorjón.
El historiador fray Cipriano de Utrera, en «Dilucidaciones Históricas», sazona con talento el trabajo desempeñado por la entidad, que marcó el desarrollo económico del ejido por aquellos tiempos: «Del entronque genealógico de la casa de Dávila, este Mayorazgo pasó a ser pertenencia de don Antonio de Coca Landeche, hijo de Juan Bruno de Coca Landeche, regidor perpetuo de la ciudad de Cádiz, y de María Petronila Landeche Vevers».
Conforme al escrito de fray Cipriano de Utrera, Antonio Coca y Landeche fue teniente coronel y alcalde ordinario de Santo Domingo y, más tarde, teniente del Rey. Casó en 1720 con Josefa Landeche (su prima), con la que procreó a Josefa Ignacia y a Diego, capitán real.
La historia ancestral recoge que murió en 1748; su esposa le sobrevivió hasta 1753.
Está escrito que Antonio de Coca y Landeche fue, según las versiones históricas, el fundador ilustre del pueblo de Hato Mayor del Rey cuando este comenzó a adquirir aspecto urbano.
Siguiendo el árbol genealógico de los Dávila, Coca y Landeche del padre Utrera, tenemos que «en 1797 nace Domingo de la Rocha Angulo, eminente político, quien casó con su prima María Manuela de Coca y Figuereo, y falleció en el año 1883, dejando como única heredera a María Mercedes Severina de la Rocha y Coca, que nació en el año 1822 en la ciudad de Santo Domingo y falleció en el año 1904 en la misma ciudad capital».
Está establecido con acta de matrimonio que casó con Jonathan Elliot, cónsul norteamericano, en 1852, sin dejar sucesión de ambos matrimonios.
«Esta distinguida dama, de alta prosapia domínico-española, fue la donante, en el año de 1888, de los terrenos del ejido municipal donde hoy se emplaza y se ensancha la ciudad de Hato Mayor del Rey», se lee en el libro «El Hato Mayor del Rey», autoría del historiador y exalcalde municipal Melchor Contín y Alfau.
Los abundantes bienes inmobiliarios del Mayorazgo de Dávila estaban diseminados por toda la isla, según se desprende del original del documento de su instauración que reposa en el Archivo de Indias en Sevilla, copia del cual fue extraída por el historiador Vertilio J. Alfau Durán en su viaje a la Madre Patria.
De entre los bienes del Mayorazgo de Dávila estaban los de Hato Mayor del Rey, hato que originalmente fue el asiento del señorío de los Dávila, la región de Pringamosa y otros, que se extendían desde la margen oriental del río Higuamo hasta la Piedra Rodada, hacia el camino de El Seibo; por el norte, los terrenos de El Valle de Hicagua en Sabana de la Mar; y por el sur, se extendía hasta la confluencia de los ríos Azuí, Maguá e Higuamo.
En El Valle de Hicagua proyectaba Francisco Dávila instalar un ingenio de azúcar.
Los extensos terrenos que comprendían casi la mitad del municipio de Hato Mayor fueron fraccionados a finales del siglo XIX por ventas separadas hechas por la última heredera del mayorazgo a distintas personas.
En ese fraccionamiento fueron comprendidos los llamados sitios de Fió-Fió, Jalonga, Monte Coca, Mata Palacio, La Plaza, El Bote, Anguilla, Los Jíbaros, Guamira, San Nicolás, El Palmar, Juan Jiménez y La Pringamosa. Esta última se la reservó la heredera y, posteriormente, sus sucesores la vendieron a don Miguel Caldentey, y de manos de este pasó a poder de don Antonio Casasnovas, cuyos herederos la conservan con bien entendido apego.
Los Casasnovas siguen aún usando el nombre de Hato de La Pringamosa, estampa de los fundadores del mayorazgo, pues para esta misma época se realiza la donación al Ayuntamiento de los terrenos del Ejido Municipal, donde ya la población de Hato Mayor del Rey, desde el siglo XVII, había comenzado sus primeros intentos para convertirse en zona urbana







