Por Manuel Antonio Vega
Para los hijos de la tierra de El Seibo, las corridas de toros no representan un simple espectáculo; son el latido de nuestra identidad, una herencia centenaria que corre por las venas de nuestra historia y que hoy, más que nunca, reclama su lugar en la modernidad.
La inauguración de una verdadera plaza taurina no es solo una obra de infraestructura, es la materialización de un orgullo colectivo que nos posiciona como un referente cultural en todo el Caribe.
¿Por qué defender la Fiesta Brava?
La tauromaquia es un lenguaje de coraje, técnica y estética. Es un ritual de respeto mutuo entre el hombre y el animal, una danza donde la valentía se encuentra con el arte.
Quienes abogamos por ella, entendemos que su valor trasciende el ruedo por tres pilares fundamentales:
Preservación de la Especie: El toro de lidia es una joya genética. Sin la tauromaquia, esta raza única estaría condenada a la extinción.
Gracias al apoyo histórico del Central Romana, esta tradición se ha mantenido latente y hoy cobra un nuevo brío con instalaciones dignas de su grandeza.
Motor Económico: La plaza no es solo arena y sol; es una fuente vibrante de desarrollo. Ya es un generador de empleos directos e indirectos, dinamizando el comercio local, el turismo y la hostelería de toda la región.
Libertad Cultural: El respeto a las raíces y el derecho de un pueblo a vivir sus tradiciones es un principio fundamental de libertad.
El Seibo tiene el derecho soberano de honrar su pasado para construir su futuro.
Un Reto para el Patronato y la Diócesis
La batuta de este legado recae ahora sobre el Patronato de la Plaza de Toros, bajo la dirección del Obispo de la Diócesis de Higüey, Francisco Marte.
La misión es clara y ambiciosa: no basta con tener el escenario, hay que asegurar la permanencia del «protagonista» de la fiesta.
Es imperativo diseñar estrategias que garanticen la producción y crianza de toros en fincas propias.
La gestión para adquirir especímenes de alta calidad genética del Central Romana debe ser una prioridad absoluta.
Solo mediante la reproducción de ejemplares de élite podremos asegurar que las lidias mantengan la calidad que el público exige y que la tradición merece.
»El Seibo ha sido históricamente relevante, pero la tauromaquia lo ha catapultado, convirtiéndolo en uno de los destinos culturales más atractivos y singulares de la región caribeña.»
Hacia los tiempos postreros
La meta debe ser la autosuficiencia y la excelencia.
Proyectar la fiesta brava hacia el futuro implica profesionalizar cada aspecto, desde la crianza hasta la puesta en escena.
Debemos trabajar hoy para que las futuras generaciones reciban una tradición robusta, organizada y orgullosa.
El Seibo es cultura, es tradición y, por encima de todo, es torero.
Nací bajo el expectri territorial de El Seibo en 1962, por eso puede decir que es hora de que el mundo mire hacia nuestro ruedo y reconozca enen sus gentes a un pueblo que sabe proteger lo suyo con la misma bravura con la que el toro sale a la arena.






