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​El último aliento del centinela de la tierra en Sabana de la Mar

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

​En Sabana de la Mar, donde el mar golpea con la misma fuerza que las carencias, se ha apagado una voz que nunca supo susurrar ante el poder.

Damaris García, el hombre que convirtió el barro y el salitre en hogares para los olvidados, falleció este jueves a los 64 años, víctima de un accidente cerebrovascular que logró lo que ninguna amenaza pudo: detener su marcha.

​Un luchador forjado en el asfalto y la costa, Damaris no era solo un comerciante; era el estratega de los desposeídos.

Su vida fue un contraste entre la calma del mostrador y el fragor de la ocupación.

Mientras el sol caía sobre el municipio costero, él libraba batallas contra gigantes.

Su enemigo no era el mar, sino la desigualdad y los títulos de propiedad que favorecían a los de siempre.

​García entendía que la dignidad comienza con un pedazo de suelo.

Por eso, no temió a los barrotes: fue encarcelado por repartir esperanzas en forma de solares.

Lo que hoy son sectores vibrantes como Villa Suiza, Villa Flores y Los Solares, ayer eran linderos inciertos que él defendió palmo a palmo.

​La batalla desigual

​Quienes lo conocieron lo definen como un hombre «sin miedo».

Su lucha por la tenencia de la tierra fue una guerra de guerrillas social.

​Días y noches de vigilia: Bajo la luna o el sol inclemente, guiaba a cientos de seguidores en busca de 100 o 200 metros de tierra cerca del mar.

​Se enfrentó a abogados, hacendados y gobiernos.

La balanza parecía inclinada en su contra, pero su persistencia fue el contrapeso que otorgó victoria a los pobres de solemnidad.

​Un legado con título: Gracias a su arrojo, más de 500 familias hoy duermen bajo un techo propio, con títulos municipales que avalan su derecho a existir en su propia tierra.

​El pedestal de la memoria

​La muerte le sobrevino cuando «la vida le sonreía», en la plenitud de su actividad comercial, recordándonos la fragilidad de la existencia pero la solidez de las obras.

Damaris García se marcha, pero deja un mapa de justicia trazado en las calles de Sabana de la Mar.

​Hoy, el clamor popular es claro: una calle en Los Solares o Villa Flores debe llevar su nombre.

No por protocolo, sino por justicia histórica.

Sabana de la Mar no solo pierde a un activista; pierde a su escudo humano, a ese «rojo luchador» que entendió que la tierra no debe ser un privilegio de pocos, sino el derecho de todos.

​»Se apagó el alma de un fiero, pero se queda encendida la luz en las ventanas de las quinientas familias que hoy tienen un hogar gracias a su valentía.»

Adiós mi querido amigo, te conocí en el fragor de la lucha por los solares para los pobres.

Por eso te escribo mi última ncrónica sobre tu vida, que permite elevar el hecho noticioso a un plano más humano y épico, utilizando la atmósfera de Sabana de la Mar, el salitre, el sol y la tierra en disputa, para honrar la memoria tu memoria viejo y sincero amigo, Damaris García.

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