Por Manuel Antonio Vega
Decía el filósofo Séneca que la vida no es corta, sino que somos nosotros quienes tardamos mucho en comenzar a vivirla de verdad. Vivir de verdad implica dejar una huella en el tejido social que desafíe al olvido.
El reciente fallecimiento de Doña Vasthy Brea Álvarez en Santo Domingo, debido a complicaciones de salud que su cuerpo cansado no logró superar, no es solo el fin de una existencia biológica; es el cierre de una época dorada de vocación, dignidad y afecto puro en Hato Mayor del Rey.
Nacida el 22 de julio de 1940, Doña Vasthy entendió el secreto de lo que Aristóteles llamaba la eudaimonía (la realización humana a través de la virtud y el servicio al prójimo).
Su vida encontró un eje fundamental en la calle Independencia esquina Sánchez, pero su verdadero hogar espiritual estuvo, durante más de tres décadas, en el Liceo César Nicolás Penson.
La burocracia transformada en hogar
En un mundo donde la administración pública suele asociarse con la fría frialdad de los papeles y la distancia impersonal, Doña Vasthy operó una revolución silenciosa.
Como secretaria administrativa por más de 30 años, convirtió su escritorio en un faro de humanidad.
Para las generaciones de estudiantes que cruzaron las puertas del liceo, ella no era la guardiana de los expedientes, sino la madre institucional.
En su labor diaria se manifestaba la «filosofía del cuidado» (un concepto contemporáneo que nos recuerda que somos seres interdependientes).
Ella repartía empatía por doquier, devolviendo la dulzura, el cariño y el buen trato en momentos donde la juventud más necesitaba ser escuchada.
Su dignidad no nacía de la rigidez, sino de su asombrosa capacidad de abrazar las realidades de miles de bachilleres y profesionales que hoy lamentsn su partida.
Lazos de sangre y lazos de pueblo
La historia personal de Doña Vasthy también estuvo conectada a los hilos complejos de la historia dominicana. De su unión con Aníbal Trujillo, hermano del dictador Rafael Leónidas Trujillo, nació su único hijo, Aníbal Trujillo Brea.
Con él partió a residir a Santo Domingo en el año 2019, buscando el merecido descanso y el cobijo filial.
Hermana además de la exalcaldesa municipal Briseyda Brea, Doña Vasthy supo caminar por la vida con luz propia, tejiendo un nombre sinónimo de encanto y pulcritud moral.
El existencialismo nos enseña que el ser humano se define por sus actos y el impacto que deja en el tejido de los vivos.
Hoy Hato Mayor experimenta hoy un vacío profundo porque la partida de Doña Vasthy nos confronta con la pérdida de esos pilares comunitarios que sostienen la identidad de un pueblo.
Ella demostró que la verdadera grandeza no radica en los grandes escenarios políticos, sino en la constancia cotidiana del afecto.
Los restos de la distinguida dama serán expuestos esta tarde en la Funeraria San Miguel de Hato Mayor del Rey.
Mañana, su cuerpo físico será trasladado al Cementerio Municipal Cristo de los Milagros, donde recibirá cristiana sepultura.
Frente a la tumba, la filosofía nos consuela recordando que la muerte solo se lleva lo que puede morir.
El amor sembrado por Doña Vasthy en el Liceo César Nicolás Penson y en cada rincón de Hato Mayor queda resguardado en la memoria colectiva, transformado en un eco eterno de dulzura y dignidad.
Paz a su alma.







