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Las medias de los flamencos» de Horacio Quiroga

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​El Cuento en Detalle

​Cierta vez, las víboras dieron un gran baile e invitaron a todos los animales de la orilla del río: ranas, sapos, yacarés, pescados y flamencos.

​Todos los animales se esmeraron en su vestuario. Las ranas se perfumaron y llevaban luciérnagas como farolitos. Las víboras estaban hermosísimas, cada una vestida con su traje de bailarina del mismo color de su piel.

​Los únicos que no estaban elegantes eran los flamencos. Como eran muy tontos, solo llevaban sus patas flacas, que eran blancas. Morían de envidia cada vez que una víbora pasaba coqueteando.

​Un flamenco tuvo una idea:

—Yo sé lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y negras, y las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.

​Fueron al pueblo a buscar las medias, pero en ninguna parte las encontraban. Los almaceneros los echaban por pedir algo tan disparatado.

​Entonces, un tatú (armadillo), que pasaba por allí, quiso burlarse de ellos y les dijo:

—Mi cuñada, la lechuza, tiene medias así. Pídanselas, y ella les va a dar las medias coloradas, blancas y negras.

​Los flamencos volaron a la cueva de la lechuza, quien les prometió conseguirlas. La lechuza, en realidad, les trajo cueros de víboras de coral recién cazadas, que eran perfectas por sus colores. Les advirtió: «No se preocupen de nada, sino de una sola cosa: bailen sin parar, bailen toda la noche, sin parar un instante».

​Los flamencos, felices, se pusieron los cueros como medias y regresaron al baile. Cuando llegaron, todos se quedaron admirados, y especialmente las víboras se morían de envidia por las preciosas y llamativas «medias» de los flamencos. Las víboras de coral querían bailar con ellos únicamente.

​Los flamencos, siguiendo el consejo de la lechuza, bailaban sin parar para que nadie pudiera ver de qué estaban hechas las medias.

​Pero poco a poco, las víboras comenzaron a desconfiar. Una de ellas, al pasar cerca de un flamenco, estiró su lengua (que era como una mano) y tocó una pata.

—¡No son medias! —gritó la víbora—. ¡Los flamencos han matado a nuestras hermanas y se han puesto sus cueros como medias!

​Al oír esto, el pánico se apoderó de los flamencos, que quisieron volar, pero estaban tan cansados que no pudieron levantar una sola pata.

​Las víboras de coral se lanzaron sobre ellos, les deshicieron las «medias» a mordiscones y les mordieron las patas. Las víboras de coral eran venenosas.

​Los flamencos, locos de dolor, corrieron a meterse en el agua. El veneno de las víboras les tiñó las patas, que antes eran blancas, de un color rojizo o rosado.

​Moraleja

​Esta es la historia de los flamencos, que antes tenían las patas blancas y ahora las tienen coloradas. Todos los pescados saben por qué es y se burlan de ellos. Los flamencos, mientras se curan en el agua, se vengan comiéndose a cuanto pececito se acerca demasiado a burlarse de ellos.

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