Por Manuel Antonio Vega
El contraste entre el discurso oficial y la realidad palpable en las calles dominicanas suele ser desgarrador, pero pocas veces resulta tan obsceno como en el caso del destacamento policial del distrito municipal de Magante, en Gaspar Hernández. La denuncia pública del activista Guanchy Comprés no es un ataque aislado a la institución; es una radiografía cruda del abandono estatal que sufren aquellos a quienes, paradójicamente, les exigimos arriesgar la vida por nuestra seguridad.
Hablar de «condiciones infrahumanas» no es una exageración retórica cuando se describe un recinto policial donde los agentes deben «andar en yola» cada vez que llueve debido a un techo colapsado.
Es una humillación institucional que hombres y mujeres de uniforme carezcan de sillas, escritorios o computadoras para procesar una denuncia, y que al final de su jornada deban turnarse para descansar en colchones deplorables, sin sábanas y bajo un calor sofocante.
La paradoja del abandono: Resulta casi un chiste de mal gusto que esta miseria operativa ocurra a menos de 500 metros de un centro destinado a la formación y profesionalización policial.
¿Cómo se puede inspirar respeto, disciplina y orgullo institucional en las aulas cuando el entorno real de trabajo destila miseria y olvido?
El Ministerio de Interior y Policía y la Dirección General de la Policía Nacional no pueden seguir ignorando que la cacareada «modernización» del cuerpo del orden no se mide por los discursos en salones con aire acondicionado, sino por la dignidad de sus destacamentos más remotos.
Exigirle honestidad y eficiencia a un policía que trabaja en la indigencia es, además de hipócrita, una utopía peligrosa.
Magante es hoy el espejo de una deuda social acumulada. Las autoridades competentes tienen la obligación inmediata de intervenir este cuartel, no con parches temporales, sino con una reestructuración digna.
Si el Estado dominicano aspira genuinamente a una transformación policial, debe entender de una vez por todas que la seguridad ciudadana y el combate a la delincuencia comienzan por respetar los derechos humanos y la dignidad de sus propios uniformados.
Magante exige, implora que la Policía Nacional y el Ministerio de Interior y Policía, que dirige Faride Raful miren hacia esa comunidad, disponiendo una construcción de un local digno, que moralise la institución y a sus agentes, que malviven en aquel apartado lugar.
Que la Reforma cascareada a pulmón por el régimen de Abinader se vista de gloria con un edificio que presente al Estado como reformador, no como arapiemto y abandonado.
¡El cuartel de Magante ya!






