Mi Opinión
Por Héctor Camilo Polanco Peguero (Chipa)
Farid Kury escribió un artículo muy interesante, lo tituló: «Los regalos eran para el cargo», yo se lo recomiendo. Ese artículo está lleno de sabiduría política y un magnífico estudio sociológico.
Fui Concejal (Regidor) año 2006-2010. Antes de serlo, siempre fui un hombre cariñoso, conversador, que supe repartir abrazos y dedicarle tiempo a la gente. El verdadero liderazgo se mide por la cercanía con la gente, el servicio y la vocación de servicio.
Si usted nunca ha abrazado a nadie, si nunca le ha servido a nadie, y comienza a hacer eso al aspirar a un puesto electivo o administrativo, a la luz de la teoría política, esa no es una posición honesta y sincera. En mi caso, siempre he gozado del afecto y el cariño de la gente y eso, se lo aseguro, en muchas ocasiones pesa más que el dinero; como señala el paradigma de que las acciones y los hechos en política no son casualidad, son realidades tangibles a favor del postulante o aspirante. Yo lo viví.
Tuve contienda interna, participé en la Convención en mi partido político, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Allí, desde una perspectiva institucional y política, fui el más votado entre unos 20 o 25 compañeros, y en las elecciones generales saqué la misma cantidad de votos que el candidato a Síndico o Alcalde electo, según consta en el pergamino otorgado por la Junta Central Electoral (JCE).
Eso me costó realizar un trabajo tesonero y muy honesto. En virtud de lo expresado, el caballero, lejos de ver esto como una coincidencia, si lo analizamos a profundidad, lo vio como una amenaza y un peligro hacia sus aspiraciones futuras, y me enfrentó y me atacó como tal y con saña.
La honestidad no radica solo en no hacer las cosas que riñan con la ley, sino que también debemos estar convencidos de no hacer lo deshonesto y, a la vez, enfrentarlo de manera directa con gallardía y firmeza, ya que el imperativo ético exige compromiso, hechos y realidades de un buen comportamiento.
En consecuencia, ya siendo Concejal electo, pero antes de ser juramentado como tal, recibí varias llamadas de personas con las que nunca ni siquiera había hablado en mi vida, para describirme y definirme como el precandidato y candidato humilde, accesible y ético. Pero cerraban con conceptos y criterios insolentes y deshonestos al decirme: «Pero eso no basta, llegó su oportunidad».
Para mí, eso fue irritante y altamente ofensivo. A la vez comprendí que la creencia política de la sociedad es que todos los políticos son iguales y capaces de hacer todo y de todo contra la ética.
La sociedad ve y mira a los políticos como corruptos y corruptores naturales.
«Llegó tu oportunidad» es la frase lapidaria que surge frente al ascenso de una persona a un cargo electivo o administrativo; esa frase, así lo demuestra.
Les aseguro que siempre recordaré dos llamadas telefónicas con el fin de una reunión: una para invitarme a tomarme una taza de café con un señor que apenas nos saludábamos, que nunca me había tratado ningún tema de conversación, lo que significa que el caballero invitó al Concejal (Regidor) a tomar café. La otra llamada fue para invitarme a su casa a una cena y a tomarnos un vino.
A ese sí que lo conocía, pero nunca me había invitado a nada ni a ninguna parte. Su madre era mi entrañable amiga y consejera, me quería mucho, me ayudó a conseguir muchos votos; pues era una dama de mucho prestigio y de una vocación de servicio inquebrantable, y en todo momento, para todos, sin importar las banderías políticas.
La primera reunión se dio en un restaurante llamado Galerías, frente al Parque Municipal Mercedes de la Rocha de la Ciudad y Municipio Hato Mayor del Rey.
Después de lo protocolar, el caballero se volvió muy parlanchín: ¿Cómo va todo con las expectativas de esa regiduría? Usted es la referencia del pueblo por las estrategias que desarrolló y utilizó para su triunfo. Pero vamos a sentarnos, ordene lo que usted quiera.
Pedí un café y agua. Me dijo que pidiéramos un vino para celebrar; no acepté. Le dije que fuéramos al grano. El señor me dijo que: A partir de este momento yo me declaro su asesor, yo soy quien irá al Distrito Municipal que le corresponde, me llevo el cheque, pago a los empleados, dejo el fondo de Caja Chica y me devuelvo con el resto del dinero: el 60% es suyo y el 40% es mío.
¿Qué usted dice?—. Le respondí con preguntas: —¿Y la comunidad?
¿A quién usted invitó aquí? ¿Usted está hablando con Chipa o con el Regidor?
Me alteré y alcé la voz: ¡Que maldito es usted!, caballero! ¿Entonces yo soy un ladrón? ¿Yo soy un maldito inepto? Se equivocó, yo no me voy a prestar a eso.
El tipo me dijo: «Ya, ya no tienes que hacer esa bulla, tú vas a salir del Ayuntamiento peor que como entraste%
Si se fijan, el caballero invitó al Concejal a tomar café y con el fin de corromperlo, y pronunció su frase lapidaria:
«Ya, ya no tienes que hacer esa bulla, tú vas a salir del Ayuntamiento peor que como entraste»
El otro caballero invitó al Concejal (Regidor) a tomar vino y a cenar. Él, después de una larga charla y varias anécdotas, me hizo la pregunta clave a su interés: —Regidor, ¿qué hay para mí y qué se beneficia usted? Tome en cuenta lo siguiente: El Estado ni agradece ni guarda rencor—. Esa frase lo dice todo en cuanto al corrupto y al corruptor, lo que se le dice y se conversa con el cargo, de manera totalmente diferente a lo que se le dice y se conversa con el individuo que es permanente.
Tengo la convicción de que existe un contraste entre los principios de todo aquel que se ufana de ser serio y honesto en lo particular y no lo es ante lo público y el Estado. Pues el que le roba al Estado y se deja corromper con lo del Estado, es corrupto, inmoral, deshonesto y ladrón por igual.
La integridad se demuestra cuando actuamos con rectitud en todos los frentes de nuestras vidas. Los cargos y puestos políticos pasan, pero dejan huellas en la historia; no se trata solo de lo privado, es integral, de igual modo en lo público.
Existe un contraste entre lo prometido por el político y la forma de ser y de actuar de muchos políticos antes de llegar al puesto con el pueblo que lo eligió o el Presidente que lo designó. Sin embargo, una vez investidos, cambian; lejos de mantener un comportamiento acorde con lo comprometido o por lo que fueron juramentados, eso es algo que hay que estudiar: cuando lo que hace es contrario a lo que ha dicho y prometido, pues el poder no cambia el carácter a nadie, sino que expone el carácter oculto.
Entender la función del cargo desarrolla la madurez política del político y enseña lo que pertenece al cargo y por el cargo, y lo que pertenece al individuo y por el individuo en lo personal. En virtud de lo expresado, cabe aquí pronunciar la máxima: «No dejes que el cargo se te suba a la cabeza».
Al ser yo juramentado como Concejal (Regidor), el 16 de agosto del año 2006, lo primero que hice fue revisar mis cuadernos de trabajo con los compromisos y los acuerdos hechos con los peledeístas, con los votantes, con las personas del pueblo e instituciones.
Esa iniciativa fue para dar cumplimiento a mis promesas y mi palabra como político.
Pues siempre doy la cara, cumplo con mi palabra y he aprendido a decir que sí cuando puedo cumplir, y a decir que no cuando no puedo cumplir.
Eso también es parte de la seriedad y la honestidad en un político y en un funcionario electo o administrativo.
Tengo mucha gente que me ha apoyado, le he servido a mucha gente, no me he escondido de nadie, sigo caminando por las calles con la frente en alto y con el principio de la dignidad y la honestidad como baluarte y estilo de vida; por lo tanto, nunca he sentido remordimiento ni soledad del poder.
Con los contrastes de la política: cuando dejé de ser Concejal (Regidor) del Municipio Hato Mayor del Rey, creí que había conseguido grandes amigos, de esos que son para toda la vida. Tuve gente que venía de la zona rural que no salía de la ciudad sin verme, sin visitar mi casa, tanto así que hasta pasaban a anotarse y hacerse presentes para la mesa al mediodía.
Igualmente pasaba con ciudadanos que pasaban por la calle Palo Hincado y siempre se paraban donde el Regidor, hasta a invitarme a beber café en mi propia casa.
Al dejar de ser Concejal (Regidor), la cosa cambió en más de un 98%. Un día, de esos días de tertulia, de encuentro con los amigos de siempre, de los de verdad, esos que van a ver y a visitar a uno por cariño y a compartir momentos de calidad, allí salieron a relucir reflexiones y surgió la pregunta clave: —¿Y fulano y fulana? Que no los veo por aquí—. Se hizo una lista larga, muy larga de esos personajes amigos del Regidor.
Me salió una respuesta que fue un pensamiento reflexivo que me dejó un convencimiento de madurez: —Amigos y hermanos queridos, ya el Regidor no vive aquí—.
Lo que sí es claro, cierto y real, es que los que fueron amigos del Regidor y los que son amigos de Héctor Camilo y de Chipa, todos siguen siendo parte de mi vida y mis iniciativas.







